La autonomía municipal no está en discusión. Es un derecho constitucional, una aspiración legítima y una herramienta necesaria para que los municipios decidan su propio destino con más cercanía, justicia y eficiencia. Por eso es importante decirlo con claridad, sin ambigüedades: estoy a favor de la autonomía municipal.
Y justamente por estar a favor, creo que no puede construirse de cualquier manera.
La autonomía es demasiado importante para usarla como consigna electoral o para apurarla sin cumplir todos los pasos que la Constitución exige. No se fortalece una institución debilitando las reglas que le dan legitimidad. No se defiende la democracia confundiendo votar con saltear procedimientos.
El problema no es votar.
El problema es votar algo que después pueda caerse.
Una Carta Orgánica que nazca con cuestionamientos jurídicos, sin consensos amplios o sin instancias claras de participación previa, no será una base sólida para San Rafael. Será una fuente de litigios, conflictos y frustraciones futuras. Y eso lo terminan pagando los vecinos, no los dirigentes.
Defender las reglas no es tenerle miedo a las personas. Es respetarla.
El verdadero riesgo no está en discutir el procedimiento, sino en no permitir que la ciudadanía decida desde el primer momento cómo quiere encarar este proceso. La autonomía no se impone ni se acelera: se construye, paso a paso, con la sociedad adentro y con seguridad jurídica para todos.
Cuando un proceso es tan trascendente como darse una Carta Orgánica, alguien tiene que asumir un rol incómodo pero necesario: cuidar que se haga bien, aunque eso no sea lo más ruidoso ni lo más conveniente en términos electorales.
No se trata de frenar la autonomía. Se trata de evitar que nazca débil.
San Rafael merece una autonomía fuerte, legítima y duradera.
Una autonomía que no dependa de fallos judiciales posteriores, ni de mayorías circunstanciales, ni de apuros políticos. Una autonomía que represente a todos y no solo a quienes hoy gobiernan o compiten.
Más democracia no es solo votar una fecha.
Más democracia es respetar la Constitución, garantizar reglas claras y asegurar que lo que se vote tenga validez y futuro.
Eso también es defender a San Rafael. Eso también es confiar en sus personas.
Y eso, lejos de ser un obstáculo, es la única manera de que la autonomía sea real y no una promesa frágil.