Hay una sentencia que se vuelve ley cada vez que caen los niveles de participación: estamos frente a una crisis de representatividad. Lo vimos este domingo en los seis departamentos mendocinos que eligieron cargos municipales, donde el dato central no fue quién ganó, sino cuántos eligieron no estar.
Esta frase que se repite nos hace caer en el error de simplificar un análisis que estamos obligados a realizar de cara al futuro y que no tiene una única causa que permita explicar el fenómeno de la apatía. No se trata sólo de desinterés, también evidencia el agotamiento de un modelo que exige ser repensado desde la cercanía.
Si los posibles electores sienten que su voto no cambia nada, simplemente terminan alejándose de las urnas.
En este marco, la idea de un Gobierno de la Comunidad o Gobierno de cercanía toma relevancia y es fundamental que comencemos a observar experiencias para trabajarlas en nuestra provincia.
Si partimos de la idea de que el gobierno más eficaz es aquel que se sitúa más cerca del ciudadano, no solo físicamente, sino en su capacidad de respuesta y diálogo, tenemos que pensar en la transformación de la lógica administrativa tradicional, el rol del municipio para pasar del clásico “prestador de servicios" (barrido, alumbrado y limpieza) al rol de articulador social que puede gestionar el territorio en forma conjunta con los vecinos.
La cercanía permite que el vecino vea el impacto directo de la política en su cuadra, en su barrio, posibilitando que se reconstruya la confianza en las instituciones a partir de la legitimación por resultados, reconociendo en los vecinos y organizaciones civiles conocimientos técnicos y sociales que a veces son desconocidos o no tenidos en cuenta por los funcionarios, favoreciendo el estilo de gestión multiactor. Esto no se trata sólo de abrir delegaciones u oficinas en los barrios, sino de permitir que esas unidades territoriales tengan autonomía para definir prioridades.
Varios departamentos han tomado el desafío de trabajar proyectos para dictar sus propias cartas orgánicas y poder ejercer su autonomía. Es un proceso que tendremos que seguir con mucha atención ya que la modificación de las Cartas Orgánicas es paso fundamental para institucionalizar el gobierno de proximidad o cercanía, que no puede depender solo de la voluntad del intendente sino que debe estar reglamentada.
Ante un escenario de apatía ciudadana respecto a la política, la dirigencia se encuentra ante el desafío de volver a potenciar la participación de la sociedad en todos sus niveles. No será una tarea simple. Dependerá de la creatividad, el compromiso y la convicción de quienes fueron elegidos para guiar los destinos de la provincia, generar respuestas ante problemáticas que hoy están lejos de resolverse.
Por Cecilia Juri – miembro de Iniciativa para el Desarrollo Municipal de Mendoza (IDEM)