“Todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; va hasta que encuentra límites” Montesquieu.
Hay dos caras de Mendoza, una la del Marketing que es la que llega a Buenos Aires (Mansa Mendoza), y la otra, que es la cara de una Mendoza devastada, hambreada, corroída por el servilismo, que ha llevado a una pobreza estructural y profunda, que no para de crecer. Años de gobiernos truncos, han sumergido a la provincia en un pozo de decadencia que ya es imposible ocultar. Una Mendoza en la que la desigualdad duele. Nuestra crisis inserta en una crisis nacional, al cual este Gobierno ha adherido sin tapujos, y éste a su vez inmerso en una crisis internacional de enorme dimensiones que – a todas luces- no sabe direccionar en pos del bienestar de los argentinos.
Muchos dicen que desde las provincias poco se puede hacer, pero tampoco aciertan en lo que se puede. Hay que volver a la contención social, a poner al hombre como eje de la política. Tener la valentía de aceptar que primero está la gente y después los intereses de la deuda que NOS supieron conseguir. Pero para esto hay que cambiar a los protagonistas porque con los apátridas que hay en el orden local y nacional, no vamos a reconstruir la provincia que anhelamos y que alguna vez supimos tener.
Como lo han señalado, otros importantes dirigentes políticos, la forma de gobernar, en estos últimos años bajo la premisa de "yo gobierno, yo controlo", lo que sugiere una alta concentración de poder, sólo que ha llevado a que Mendoza tenga un alto nivel de corrupción, generando más miseria que otra cosa.-
Ya no debemos seguir permitiendo que nos secuestren y barateen los derechos fundamentales a vivir en libertad, con igualdad de oportunidades, en seguridad de nuestra vida y patrimonio, a gozar los beneficios de la educación y salud pública. Ahora “la Mendoza decadente” tiene no sólo el problema de un Gobierno en la provincia que ha concentrado todo el poder, sino de un Gobierno que se inclina a un Gobierno Nacional (de turno) que no siente ni tiene el menor interés por el ser humano, ni por lo que hace a la defensa de nuestros intereses como Nación.

Y la oposición constructiva, ¿dónde está? No existe en Mendoza, lo cual, nos posiciona como uno de los Gobiernos “feudales (jarilleros)” más potentes que se hayan “visto” en la Argentina. Debo remarcar, también, que quienes alguna vez tuvieron la posibilidad de cambiar el destino de la provincia, NO lo hicieron. Sea porque no pudieron o no quisieron. A mi entender por un EGO desenfrenado que no pudieron dejar de lado, ya que no tuvieron el suficiente sentimiento de “mendocinismo". Lo de siempre, que de manera LAMENTABLE, se repite una y otra vez a lo largo de la historia.-
Más allá de estas descripción desesperante de la realidad social y política, aún CREO, aún tengo la esperanza de que el Gobernador dé un giro para el lado Mendoza, pero DEBE ser un giro de 360º, ya que “casi” siempre se pueden sanear y enmendar los errores, más aún cuando el “agua ya está llegando al cuello”. El Gobierno local tiene todo el “poder” para hacerlo, y al menos debería comenzar a “levantar” de a poco esta maravillosa provincia, sumida en la pobreza, en la decadencia institucional y en la falta total de respeto a la división de poderes. Nunca es tarde. Los mendocinos ya no pueden esperar más.
Mg. Alicia C. Barrionuevo (abogada. Univ. Austral)