La tensión que se venía cocinando a fuego lento en las entrañas de La Libertad Avanza terminó por corporizarse en Mendoza. Allí, la senadora nacional y jefa de la bancada oficialista, Patricia Bullrich, confirmó lo que hasta entonces eran intensos rumores de pasillo en el Congreso: le ofreció su renuncia a Javier Milei tras una profunda discrepancia en torno a la postulación de un cargo judicial. Concretamente Karina Milei había retirado el pliego de María Verónica Michelli por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon del diario La Nación. Sobre este punto Bullrich le avisó al presidente que actuaría con libertad de conciencia y que votaría a favor de Michelli, agregó que si era necesario que renunciaba al bloque libertario. La respuesta del jefe de Estado, lejos de la pirotecnia discursiva que suele ensayar en las redes sociales, fue un calculado intento de desdramatizar una crisis que amenaza la ya de por sí frágil estabilidad legislativa del Gobierno.

El origen del conflicto expone las rigideces metodológicas que se imponen desde el entorno más cercano al mandatario. El Poder Ejecutivo decidió retirar el pliego de la doctora María Verónica Michelli, postulada para un juzgado federal, tras objetar su parentesco con el periodista de investigación Hugo Alconada Mon, miembro del diario La Nación. La decisión oficial caló hondo en Bullrich, quien invocó una suerte de "objeción de conciencia" para defender la idoneidad técnica de la magistrada y anticipó que no acompañaría el veto de la Casa Rosada. Ante la encrucijada de quebrar la disciplina partidaria, optó por poner su cargo a disposición.
Fiel a su estilo cuando el pragmatismo se impone a la ideología, Milei optó por ignorar el desplante. Según la propia reconstrucción de la legisladora, el Presidente "siguió de largo sin darle importancia" al ofrecimiento de dimisión y la ratificó al frente del bloque. No se trata de un gesto de magnanimidad, sino de estricta matemática parlamentaria: con un Senado profundamente fragmentado y donde la oposición dura acecha de forma constante, prescindir de la experiencia y el volumen político de la exministra de Seguridad equivalía a dispararse en los pies.
A pesar del cimbronazo, que deja al desnudo las diferencias de criterio entre la conducción del bloque y la mesa chica de Balcarce 50, Bullrich intentó moderar el alcance de la fractura. Aseguró que su compromiso con el rumbo económico y político del Gobierno se mantiene inalterable y ratificó que continuará trabajando en el armado territorial del espacio. Sin embargo, el antecedente ya quedó asentado en los registros del poder: en el universo libertario, la obediencia absoluta tiene un límite, incluso para sus espadas más leales.

Es la segunda diferenciación fuerte que realiza Bullrich con relación a posiciones cuestionables que tiene el presidente Milei y sus funcionarios. Hace poco le pidió al Jefe de Gabinete Manuel Adorni que presentara su declaración jurada de biene para aclarar las sospechas que hay sobre su patrimonio, en el sentido que no corresponde con sus ingresos así como sus gastos.
También se juntó con los senadores nacionales por Mendoza, Rodolfo Suárez y Mariana Juri para dialogar sobre la Ley de Zonas Frías, debido a que ambos han planteado que no acompañaran la norma tal cual se aprobó en la Cámara de Diputados. Sobre este punto la senadora porteña aclaró que el Senado es donde más fuerza tienen las provincias y que hay que ver los argumentos técnicos.