Adriana Nechevenko, la escribana que certificó al menos dos operaciones inmobiliarias de Manuel Adorni, defendió su trabajo y explicó la relación del Jefe de Gabinete con la vendedora de uno de los departamentos que compró en Caballito.
Nechevenko dio una entrevista para Infobae y le quitó importancia a la operación que está siendo investigada por la Justicia.
“No estoy obligada a pedir el origen del dinero. Con que declare que es de origen legal, ya está. Hoy en día ni siquiera estoy obligada a pedirlo”, dijo ante las consultas de Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet.
En cuanto a la relación entre Manuel Adorni y las vendedoras, quienes negaron ante conocerlo ante la Justicia, Nechevenko dijo: “El hijo de una de las vendedoras es amigo de Adorni. Los chicos van al mismo colegio”.
Esta contradicción llamó la atención de los periodistas y la escribana dio una insólita respuesta. “Definime conocer. Yo me voy de acá y ustedes van a decir que me conocen. En realidad muchos no me conocen”, dijo.
No obstante, poco después reconoció que existía un vínculo previo de confianza entre las partes y sostuvo que “la señora estuvo en todo. Sí, que lo conoce”.
?? LA ESCRIBANA DE ADORNI: “NO HUBO DOS PERSONAS QUE LE PRESTARAN PLATA”
Adriana Nechevenko explica que las personas que le vendieron los inmuebles eran amigos del colegio.
Sin embargo, la mayor parte del pago (200.000 dólares) no provino de ahorros declarados ni de una entidad bancaria, sino de un préstamo personal otorgado por las mismas vendedoras.
Se trata de dos mujeres de 64 y 72 años quienes aceptaron financiar el 87% de la operación a cambio de la constitución de una hipoteca sobre el mismo departamento.
“Se trató de una hipoteca por saldo de precio, donde se entrega un monto inicial y el resto se paga en un plazo de un año, según lo acordado entre las partes”, dijo la escriba a Infobae.
“¿Qué quiere decir? Que una persona quiere comprar un inmueble, entrega un monto de acuerdo entre comprador y vendedor, obviamente menor al total de la operación, y el resto queda a pagar”, explicó.
Según Nechevenko, “nunca hubo cuota”, aunque sí había “un plazo de pago”, que era un año. Consideró también que “realmente fue sin interés”. “Después, incluso entre las partes, pueden acordar una prórroga y cambiar, si quieren, algunos términos”, agregó.