La decisión del Gobierno Nacional de trasladar el sable corvo de San Martín, me parece desafortunada por varias razones; por un lado porque vuelve a la carga con la batalla cultural con un objeto o reliquia histórica de altísimo voltaje simbólico. No solo porque da marcha atrás con el acto encabezado por Cristina Ferández de Kirchner también habituada a los usos del pasado nacional; sino porque al depositar el sable nuevamente en el Regimiento de Granaderos, reactualiza el nacionalismo militar del que fue provisto entre el golpe militar de 1943, el peronismo clásico y las vertientes revisionistas de izquierdas y derechas, hasta la era democrática.
Sin duda se trata de un retroceso desde el punto museológico porque no solo vuelve a politizar la reliquia, sino porque al despegarla del Museo Histórico Nacional lo adscribe a un actor en particular, el Ejército y los Granaderos, despojándola de sentidos e interpelaciones ciudadanas plurales.
Pero la mudanza no debería sorprender demasiado por el suelo nacionalista que sigue anidando en las sensibilidades colectivas y el lugar que ocupa San Martín en el imaginario nacional. Habrá que ver hasta qué punto el suceso tendrá resonancia pública o quedará circunscripta a los grupos de interés y los expertos.
La autora es Doctora en Historia, miembro de la Academia Nacional de la Historia y ha escrito el libro San Martín, una biografía política del libertador.