El Papa pidió este viernes la reconciliación de los cristianos “en una época dramática en muchos aspectos”, tras arribar a Nicea, hoy Iznik, para conmemorar los 1.700 años del Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, en 325, que aprobó el Credo que rezan hasta hoy los cristianos.
“En una época dramática en muchos aspectos, en los que las personas se ven sometidas a innumerables amenazas a su propia dignidad, el 1.700 aniversario del primer Concilio de Nicea es una valiosa ocasión para preguntarnos quién es Jesucristo en la vida de las mujeres y los hombres de hoy, quién es para cada uno de nosotros”, explicó León XIV.
Desde la plataforma colocada en la zona arqueológica donde hace muchos años se descubrieron los restos de la basílica de San Neófito, construida donde se celebró el Concilio, el pontífice dijo que “todos estamos invitados a superar el escándalo de las divisiones que, lamentablemente, aún existen, y a alimentar el deseo de unidad por el que el Señor Jesús rezó y dio la vida”.

“Cuando más reconciliados estemos, tanto más podremos los cristianos dar testimonio creíble del Evangelio de Jesucristo, que es anuncio de esperanza para todos, mensaje de paz y de fraternidad universal, que trasciende las fronteras de nuestras comunidades y naciones”, agregó citando a su predecesor, el Papa argentino Francisco, que falleció el 21 de abril último sin que pudiera concretar su deseo de asistir a la ceremonia de este viernes.
El Papa señaló que “hoy la reconciliación es un llamamiento que surge de toda la humanidad afligida por los conflictos y la violencia. El deseo de plena comunión entre todos los creyentes en Jesucristo va siempre acompañado de la búsqueda de la fraternidad entre todos los seres humanos”, agregó.
En el Credo Niceo, aprobado por el Concilio Ecuménico y que fue rezado al final de la ceremonia, “no sería posible invocar a Dios como Padre si nos negáramos a reconocer como hermanos y hermanas a los demás hombres y mujeres, también ellos creados a imagen de Dios”, dijo el Papa.
“Existe una hermandad universal independiente de la etnia, la nacionalidad, la religión o la opinión”, destacó León rodeado de los patriarcas ortodoxos y otras ramas del cristianismo.
El Papa destacó que “el uso de la religión para justificar la guerra y la violencia, como cualquier forma de fundamentalismo y fanatismo, debe ser rechazado con firmeza, mientras que los caminos a seguir son los del encuentro, el diálogo y la colaboración.”
León XIV agradeció al patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, Primus inter Pares, líder espiritual de más de 300 millones de ortodoxos, que decidió “conmemorar juntos el 1.700 aniversario del Concilio de Nicea, y al resto de patriarcas de las iglesias y representantes de las comuniones cristianas mundiales que aceptaron la invitación a participar del evento.
Los ortodoxos rusos estuvieron ausentes. Su líder, el patriarca Cirilo de Moscú y toda Rusia, líder de la iglesia numéricamente más grande con cerca de 140 millones de fieles, no respondió a la invitación.
Treinta y cuatro años después del Concilio, un terremoto destruyó el gran templo de Nicea. Otro terremoto tres siglos más tarde también destruyó la iglesia construida sobre las ruinas en el lugar, que se retiraron recién a fines del Siglo XVII.
Un hecho singular que reveló la prensa local, fue la expulsión del turco Mehmet Ali Agcá de Iznik, que intentó asesinar a balazos en Roma al Papa Juan Pablo II en 1981. Agcá pasó más de veinte años en una cárcel italiana y se radicó en su país. Al parecer explicó que había venido para hablar con el Papa “dos o tres minutos”.
La ceremonia fue presidida por el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I.
En presencia de representantes de numerosas iglesias ortodoxas presentes (copta, griega, armenia, siríaca, anglicana), Bartolomé I invitó a “seguir el camino de la unidad cristiana que se nos ha trazado, pese a las divisiones de siglos pasados”.
El Papa regresó más tarde en helicóptero de Iznik a Estambul. Desde el jueves realiza un viaje de seis días a Turquía y el Líbano.
El emperador Constantino, interesado en consolidar las conquistas del Imperio Romano, convocó en mayo del año 325 el primer Concilio Ecuménico de la historia de la cristiandad con el objetivo de unificar posiciones que dieran un renovado impulso a la religión. Acudieron 318 obispos de Oriente y Occidente. El Papa de entonces, Silvestre I, estaba enfermo y no pudo concurrir, pero envió dos representantes.
La gran decisión que inmortalizó a Nicea fue la aprobación del Credo Niceo, fundamento de la fe cristiana hasta hoy. También proclamó una fecha común para celebrar la Pascua, pero no funcionó.
En el 313 Constantino otorgó la libertad religiosa a los ciudadanos del imperio y terminó la época de las persecuciones. Constantino era un pagano monoteísta, pero le atraía mucho el cristianismo.
La divinidad de Jesús era la principal controversia. El obispo Alejandro de Alejandría defendía que el Hijo tenía la misma naturaleza, coeterno con el Padre. Arrio de Alejandría y sus seguidores pregonaban que Cristo era una criatura subordinada a Dios.
En Nicea perdieron los arrianos y se aprobó el Credo que hoy recitan los cristianos.