El mercado interno del vino en Argentina atraviesa una crisis de doble frente. Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura y analizados por CEPA, revelan que en febrero de 2026 el consumo de vino no solo no logra repuntar, sino que ha profundizado su caída interanual. Mientras tanto, una nueva amenaza aparece en las góndolas: el ingreso de vinos fraccionados desde el exterior que compiten directamente por el escaso presupuesto de los hogares argentinos.
Menos ventas y consumo mínimo histórico
El informe es contundente: las ventas en el mercado interno alcanzaron los 504.918 hectolitros en febrero, lo que representa una contracción del 5,5% respecto al mismo mes del año anterior. Este dato revierte la leve mejora que se había asomado en enero, consolidando un primer bimestre con signo negativo (-2,2%).
El consumo per cápita se ubicó en apenas 1,09 litros por habitante en febrero, una baja del 5,7% interanual. La tendencia de largo plazo es alarmante: en una década, el consumo anual pasó de los 23,8 litros en 2015 a un estimado de 15,77 litros en 2025.

Lo más preocupante para la industria es quién está dejando de beber. Según CEPA, el desplome no se explica solo por los jóvenes, sino por el consumidor histórico de entre 40 y 60 años. Este segmento, mayoritariamente de ingresos medios, ha visto erosionado su salario real, transformando al vino de un consumo cotidiano en uno esporádico.
Importaciones en plena crisis
Mientras el mercado total de importaciones de vino cayó en volumen (debido a la nula necesidad de traer vino a granel por los altos stocks locales), se produjo un cambio de patrón inquietante para los productores nacionales.
Las importaciones de vino fraccionado —aquellas etiquetas listas para la venta directa al público— se dispararon un 339,6% interanual. Si se analizan exclusivamente los vinos (sin espumosos), el salto es del 406,9%. Chile (52,6%), España (13,6%) y Francia (6%) son los principales orígenes de estas botellas que ganan espacio en los supermercados.
A diferencia de otras épocas, estas botellas no vienen a suplir una falta de uva, sino a competir por valor y posicionamiento en un escenario de demanda interna muy debilitada.
Natalia Palazzolo, doctora en Ciencias Sociales y especialista en vitivinicultura, explica que en términos generales, la importación de vino cayó un 60%. “Podríamos decir que eso es bueno, pero sucede que en 2024 se importó muchísimo vino a granel que contribuyó a engrosar los stocks que hay en las distintas bodegas. Pero lo que cambia ahora es la composición de lo que se importa. Están importando más vinos fraccionados, un 400% que es una barbaridad. Esos vinos van a competir con los que se hacen en Mendoza y en San Juan”.
Están los que afirman que son las mismas bodegas chilenas que tienen base aquí también, las que más fraccionado ingresan, como Trivento, en vez de producirlos en Argentina.
“Es una mala noticia porque encima de que se está vendiendo poco, ingresan un montón de vinos de afuera. Con el acuerdo que se aprobó recientemente entre el Mercosur y la Unión Europea, también vamos a ver en algún tiempo, vinos de Francia, de Italia y de España”, afirmó Palazzolo.
Mientras tanto el consumo no encuentra piso, “cada mes está cayendo un poquito más, y ahora le sumamos competencia extranjera”.
Menor precio para sostener el volumen
La crisis ha forzado una "reconfiguración defensiva" del consumo. Las familias argentinas están abandonando las categorías de mayor valor:
- Vinos Varietales: Cayeron un 10,2% en febrero.
- Espumosos: Retrocedieron un 7,9%.
- Vinos sin mención varietal (mesa): Cayeron un 4,3% en el mes, pero son los únicos que se mantienen levemente positivos en el acumulado del año (+0,6%), representando el 73,4% del mercado total.
Esta migración hacia segmentos más económicos representa un desafío de rentabilidad para las bodegas, que ven cómo el mercado pierde capacidad de generar valor.