Convencido de que hay una sensación de malestar con la vitivinicultura que es exagerado, de que la agroindustria en Mendoza representa el 23% del PBG, de que los exportadores vitivinícolas perdieron casi 500 millones de pesos por la diferencia del tipo de cambio durante el gobierno de Alberto Fernández, y preocupado por la descapitalización y la falta de crédito; Sergio Moralejo, subsecretario de Agricultura y Ganadería, afirmó también que no hay que erradicar hectáreas de vid, hay que reconvertir.
Sin dudar ni un minuto Moralejo dijo que en Mendoza no es necesario erradicar hectáreas porque es lo que nos muestran los números. "El sobre stock que hay de 120 millones de litros de vino, es poco frente a los 750 millones de litros que se consumen. Además, hay que esperar y ver qué pasa con esta cosecha”, manifestó.

El comentario viene a cuento de la polémica que se armó en enero cuando el historiador Pablo Lacoste afirmó que había que erradicar 70.000 hectáreas de viñedo en Argentina debido a que en un Congreso Vitivinícola en Francia aconsejaban sacar el 30% de los viñedos existentes.
“No tienen que desaparecer 70 mil hectáreas de Argentina. En todo caso, lo que tenemos que hacer es reconvertir parte de los viñedos e irnos a otras variedades, al mosto, a uva en fresco, pasas, y más a los blancos de calidad; la gente está tomando más blanco y dulces”.

Con números oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultura afirma que “el ajuste de las hectáreas se hizo en los ‘90 con la reconversión vitivinícola, en el 99 había 142.275 hectáreas en Mendoza con vid, en el 2024 había 142.785, lo mismo, pero en 1989 había 178.324. La discusión no pasa por la cantidad de hectáreas, pasar por la comercialización, el consumo. El consumo de vino cayó 6% pero la Coca Cola 14”, afirmó.
Los problemas estructurales
Dejando la polémica y las hectáreas de vid de lado, Moralejo se enfocó en algunos de los problemas estructurales que limitan el crecimiento de la vitivinicultura.
“El primer problema ha sido la carencia de crédito. Nosotros desde mayo pasado hemos estado sin crédito en el país. O sea, tener una taza del 90% es no tener crédito.
“Cuando gobernaba Alberto Fernández teníamos el 6% de crédito del sector privado del total del PBI. Brasil creo que está en el 80, Estados Unidos en el 120 y Japón en 140. Ahora creo que estamos en el 10. Mejoró un poco, pero nos falta todavía”.
Explicó que hay otros problemas y que tienen que ver con que se produjo una fuerte descapitalización en los últimos 20 años por bajas y subas del tipo de cambio y falta de estabilidad para poder importar bienes de capital.
Moralejo defiende sus números. “Tengo claro que la agroindustria en la economía de Mendoza representa el 23% del producto. Están los que dicen que representa el 6% porque solo toman el sector primario. ¿Por qué insisto con este número? Porque en Mendoza tenés cadenas de valor completas. Tenés la tierra, el plantín, la implantación, el palo, el alambre, el canal impermeabilizado o no, el equipo de riego, la empresa que te vende el equipo de riego, el fabricante de válvula del equipo de riego. Cuando llegas al final hacemos hasta la etiqueta".
Afirma que esto no solo pasa en la vitivinicultura, "pasa en el durazno, en la ciruela, en el tomate, son cadenas completas. Y a eso le tienen que sumar turismo, le tienen que sumar servicios financieros y demás. Entonces somos el 23% el producto. Solamente detrás de servicios. Este 23% del PBG de Mendoza, no tiene acceso al crédito masivo. Pero tenemos una pelea desigual por el tipo de cambio, porque todo lo que producimos, se exporta o se podría exportar, y tienen que competir con precios internacionales".
Cuenta que hicieron un trabajo que indicó que solamente en la vitivinicultura, por diferencia de tipo de cambio en los 4 años de Alberto Fernández, perdimos 496.000 millones de pesos. Solo por diferencia de tipo de cambio en exportaciones vitivinícolas. ¿Y si hoy esa plata estuviera metida en el sistema? Entonces, ¿cómo no vamos a tener problemas?
No duda en afirmar que es importantísimo saber que se está ajustando el mercado a trabajar sin inflación y eso impacta en varios sentidos. En distintos sectores producían aposando a un dólar a 2.000 pesos, se stockearon y no pudieron vender a los precios que querían porque nunca llegó el dólar a ese valor.
Entiende que los grandes beneficios de la vitivinicultura es ser muy competitiva, tener productos de altísima calidad y que la relación calidad - precio frente a Europa es superior. "También hemos llegado a un punto de equilibrio en la vitivinicultura. Y ese punto de equilibrio te permite manejar y decir cuánto va a ir a caldo y cuánto va a ir azúcares".