El Estado duplicó el gasto en subsidios energéticos pese al fuerte tarifazo en luz y gas

Aunque más de tres millones de usuarios perdieron el beneficio y las tarifas subieron sistemáticamente, un salto en los costos del sistema regulado obligó al Ejecutivo a aumentar las transferencias un 105% en el primer cuatrimestre para sostener el esquema energético.

ECONOMIA

El plan de consolidación fiscal del Gobierno tropezó con una marcada paradoja sectorial durante el inicio del año. Según datos oficiales y estimaciones privadas procesadas por la consultora Economía y Energía, las transferencias del Tesoro destinadas a subsidiar la energía eléctrica y el gas natural treparon a US$ 1240 millones durante el primer cuatrimestre. La cifra representa un fuerte salto del 105% en comparación con el piso de US$ 604 millones registrado en el mismo período del año anterior, marcando un quiebre en la sostenida tendencia de ajuste que la administración de Javier Milei venía ejecutando sobre el sector.

La disparada de esta partida presupuestaria se produce en un escenario sumamente complejo para el bolsillo de los consumidores. De acuerdo con informes del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), las subvenciones a la energía se convirtieron en el componente del gasto público de mayor crecimiento real interanual, avanzando muy por encima de cualquier otro rubro del Presupuesto Nacional.

Por qué suben los subsidios si las boletas llegan más caras

La aparente contradicción entre las facturas en alza y el incremento del gasto estatal encuentra su explicación técnica en la velocidad de los costos globales del sistema, los cuales indexaron más rápido que la actualización de los cuadros tarifarios residenciales.

Aumento en el costo de generación: El valor del abastecimiento eléctrico promedió los US$ 81 por megavatio hora (MWh) en los primeros cuatro meses del año, lo que equivale a un aumento del 18% interanual. Especialistas atribuyen este encarecimiento a los recientes cambios regulatorios que dieron mayor protagonismo a los contratos entre privados y a una mejora en la remuneración otorgada a las generadoras hidroeléctricas.

Caída en la cobertura del usuario: Como los incrementos en las boletas no llegaron a compensar este encarecimiento de base, la proporción del costo total que absorbe el ciudadano se deterioró. Mientras que a comienzos del año pasado los hogares lograban cubrir el 69% del costo de generación de electricidad, la cobertura tarifaria real cayó este año al 62%, ensanchando la diferencia que el Estado debe financiar de manera directa a través de CAMMESA.

El impacto del nuevo esquema (SEF): El reemplazo de la vieja segmentación por el actual sistema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) unificó los bloques de asistencia de los hogares de ingresos bajos y medios. Esta reestructuración terminó expandiendo el volumen de energía neta protegida por el auxilio estatal en los meses de alta demanda climática.

El impacto en los hogares y el sostén del superávit

El rebote de las transferencias energéticas no significó, bajo ningún punto de vista, un alivio o un congelamiento en los mostradores. Las estadísticas del Indec reflejan que el rubro "Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles" lideró cómodamente la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC), acumulando un avance del 47,8% en abril, una cifra que supera por casi 15 puntos porcentuales a la inflación general acumulada del 32,4%. El impacto se sintió con mayor crudeza en regiones electrodependientes o sin red de gas extendida, con picos de aumento de hasta el 59% en la Patagonia.

Bajo el nuevo esquema regulatorio, los hogares categorizados como "sin subsidio" pagaron facturas eléctricas promedio de $58.239 mensuales y boletas de gas natural en torno a los $50.995. Por su parte, los segmentos que conservaron la asistencia estatal abonaron promedios mensuales de $43.218 en luz y $40.482 en el servicio de gas. La masa total de usuarios subsidiados se redujo sustancialmente: en los últimos dos años y medio, más de 2,1 millones de hogares perdieron el beneficio eléctrico y cerca de 900.000 quedaron fuera de la asistencia de gas por redes.

A pesar de este desvío en las proyecciones presupuestarias del área energética —donde el gasto acumulado en el cuatrimestre representó un 0,26% del PBI—, las consultoras fiscales del mercado local, como LCG, señalan que el rumbo del superávit financiero de la administración central no corre peligro en el corto plazo. El bache generado por los US$ 1240 millones inyectados a la energía fue compensado mediante una profundización del ajuste real sobre el resto de las partidas del gasto primario, el cual (excluyendo subsidios) se ubicó en un mínimo histórico del 3,7% del PBI.

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