¿Qué pensaría Foucault de las redes sociales? La pregunta que inquietó a Andrea Garrote, dio lugar a Pundonor, una de las obras más potentes del teatro argentino contemporáneo. En este unipersonal, la actriz y dramaturga se pone en la piel de una profesora que, mientras dicta su clase, deja al descubierto tensiones, contradicciones y zonas incómodas del mundo académico y de la sociedad en general. En doble función, se presenta hoy y mañana en Teatro en Casa.
El espectáculo de Buenos Aires que cumple ocho años en cartelera llega a la sala de la 5ta Sección con entregas intimistas. Muy cercana al público Claudia Pérez Espinosa (el personaje) enfrentará dilemas personales y profesionales, mientras desnuda sus emociones, contradicciones y pensamientos en un relato tan intenso como reflexivo. Una clase teórica de Sociología es la excusa para hablar del poder, de la dignidad y la vulnerabilidad. En una charla preliminar a través de audios de Whatsapp, la intérprete contó cómo se actualiza la obra que codirige junto a Rafael Spregelburd.
-Pundonor renueva su vigencia sola desde 2018. Hoy, ¿cuáles son los patrones de poder que ves repetitivos en nuestra sociedad?
-Me gusta mucho pensar en una frase de Foucault que dice que “la principal función del poder es separar”. Y separar es mediar. Ahora la separación está dada por la pantalla, lo relacionado a la inteligencia artificial, porque media las relaciones. Está en medio de la política, en el medio del conocimiento, en el medio de nuestras relaciones amorosas. Podemos llevar el aparatito en la mano a todas partes (se refiere al celular) y podemos hacer cosas buenísimas como llevar la música a todas partes, pero también puede ser muy molesto escuchar la música de otro en todas partes, y también puede separarnos.

La tesis original que la motivó a escribir la obra fue reparar en ese panóptico que describió el filósofo francés en Vigilar y castigar. Una arquitectura donde todos se vigilaban entre sí. “Ahora con la aparición de las redes sociales, la copiosa cantidad de fotos y videos que cada uno aporta son ese panóptico que normaliza comportamientos. Antes podía parecernos loco tomarse una foto en un acantilado, o sacarle fotos a todo, todo el tiempo. Entonces observamos cómo se corre la línea de lo normal y lo anormal, de la cordura”.
Desde que se estrenó hasta hoy, en cada temporada hay algo que resalta distinto. Cuenta Andrea que antes de la pandemia la palabra ´normalización´ no estaba en boca de nadie y después pasó a ser de uso común. Aunque ha pasado casi una década desde la primera función, son pequeños los ajustes que va teniendo. En ese sentido, ella se permite testear la temperatura del público y son los espectadores los que terminan de hacer su propio subrayado.
-La docencia –en todos los niveles educativos- replica modelos de poder. ¿Creés que se puede revertir en el sistema formal?
-La escuela previa a la universidad, nivel inicial, primaria y secundaria siempre ha tenido una voluntad de formar al individuo para el trabajo, para la vida en sociedad dentro de un sistema. Pundonor no habla de esa primera educación. En la escuela habría que repensar todo de vuelta. Pero ¿quién quiere?; ¿dónde está la voluntad de repensar? Creo que hoy en día básicamente la escuela debería ser un lugar de encuentro. Debería generar comunidad que es lo que les falta a los chicos. Porque están muy aislados y la escuela sería un hermoso momento para que aprendiesen a hacer cosas con otros para vincularse mejor. Es un temón para abordar, ¿dónde está la voluntad del Estado de generar esa comunidad? o quizás no la tiene.
Teatro y política
-Frente al debilitamiento del INT, en cuanto a tu mirada de gestión colectiva que propone el teatro. ¿Cuáles son los mecanismos posibles para que el teatro de provincia tenga visibilidad federal?
-La gesta del INT desde las provincias está buenísima. Desde la ciudad no nos movía la aguja el INT, pero sí podíamos disfrutar de esos festivales que muy a pulmón hacían que pudiéramos llevar algunas obras, y hacerlas circular por corredores. Espero que eso siga pasando, porque lo que más necesita el teatro federal es hacer redes entre sí. Porque se da una circulación de materiales que se alimentan de otros, de ver obras de otros y que el público cambie de lugar en lugar. Capital es un lugar hiperpoblado de teatro y el país necesita mucho de esa gesta. Sería hermoso sostener esa posibilidad de circulación.
-¿Cómo observas al teatro independiente de Buenos Aires en cuanto a espacio de reflexión política? ¿Ocupa un lugar subversivo que promueve el pensamiento crítico del espectador?
-El teatro independiente de Buenos Aires ahora está jugando a querer pertenecer. A que un espectáculo vaya bien y poder llevarlo a otro circuito. Lo que está pasando es que el circuito comercial se está nutriendo de esas obras del independiente a las que les va bien. Muchos critican que una obra que gestó una sala, que la apañó, cuando es un éxito de pronto se muda a la calle Corrientes. Lo que pasa es que nadie puede criticar a nadie porque los artistas necesitamos vivir y es una cosa anhelada. Que haya más público, que por fin haya una entrada de dinero. Creo que más allá de los temas, el modo de producción es político. En cooperativa, los jóvenes que están produciendo teatro, creo que es a quienes más hay que cuidar porque tienen que seguir creciendo exponencialmente y no sé si eso está sucediendo. vitalidad que empieza a romper, a dialogar con lo que hay, a propulsar contagio de más teatro. Ver a chicos juntándose, armando fiestas para creaciones colectivas para producir es lo más interesante que está pasando, más que en lo temático es en ese formato.
Andrea Garrote viene de un año dirigir éxitos como Una casa llena de agua con Violeta Urtizberea y Prima facie con Julieta Zilberberg. En ambos unipersonales hay mujeres lúcidas, protagonistas fuertes que recuperan recuerdos y enfrentan sistemas.
Para este 2026 está preparando una comedia de Nick Hornby (el autor de Alta fidelidad) que se llama El estado de la unión, una comedia de pareja que nos introduce en las sesiones de terapia que hacen Eleonora Wexler y Gonzalo Heredia. Además, con Tamara Tenenbaum está trabajando en una versión de Un tranvía llamado deseo, el clásico pasional y asfixiante de Tennessee Williams.
Con un año desbordante de teatro, está próxima a estrenar una obra de su autoría: Maru, “una especie de mentirosa comedia burguesa que termina siendo una reivindicación del mito de la serpiente amerindia y habla sobre el tiempo cíclico”, adelanta.
Adscripta a la poética del teatro dionisíaco que disuelve la distancia entre la platea y la escena, esta noche y mañana tendremos la oportunidad de apreciar su entrega del presente en Pundonor.
Funciones
Pundonor: Escrita y actuada por Andrea Garrote.
Codirección: Andrea Garrote- Rafael Sregelburd.
Viernes 9 y sábado 10 de enero a las 22
Sala: Teatro en Casa. Delgado 272, 5ta Sección, Ciudad.
Reservas: 2616481664