La reconfiguración del mapa macroeconómico argentino consolidó una marcada brecha entre la evolución de la actividad y la realidad del mercado laboral formal. De acuerdo con un relevamiento realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires sobre la base de los registros oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino, la cantidad de asalariados registrados en el sector privado experimentó una contracción acumulada de 206.000 puestos de trabajo desde noviembre de 2023, último dato antes de la asunción del presidente Javier Milei. Esta retracción del 3,2 por ciento sitúa el stock actual de trabajadores bajo relación de dependencia en las empresas en torno a los 6,17 millones de personas, una cifra que retrotrae la dotación laboral del país a niveles similares a los de mediados de 2016 y que se ubica casi un 4 por ciento por debajo del techo histórico alcanzado en agosto de 2023.

La dinámica del mercado revela que, tras encadenar ocho meses consecutivos de retrocesos, el índice de ocupación formal pareció encontrar una meseta transitoria durante el último mes de febrero, interrumpiendo la tendencia a la baja pero estabilizándose en niveles deprimidos. El impacto de la recesión y el nuevo esquema de apertura de importaciones afectaron de manera dispar a las distintas actividades productivas, delineando un mapa de ganadores y perdedores donde la industria manufacturera y el comercio minorista emergen como las áreas más golpeadas. En el sector fabril, la destrucción de empleo arrastra una inercia contractiva persistente de casi 30 meses, habiendo resignado 74.000 vacantes desde fines de 2023, de las cuales 45.000 correspondieron de forma exclusiva al último año, consolidando a la industria como la responsable de explicar casi la mitad del achicamiento interanual del empleo registrado general.

El aspecto más llamativo del análisis académico reside en la disociación entre la paulatina reactivación del Producto Bruto Interno y la nula creación de empleo neto. Según los investigadores de la UBA, el proceso de crecimiento económico actual se encuentra concentrado en sectores de baja intensidad de mano de obra y fuerte sesgo extractivo o financiero, lo que impide que la mayor producción se traduzca de forma directa en un repunte de las contrataciones formales. Esta contradicción estadística queda en evidencia en rubros clave del sector productivo de exportación y servicios donde se computaron importantes saltos en sus niveles de facturación pero saldos negativos en su personal, tales como el agro y la pesca, la intermediación financiera y la minería. A nivel geográfico, la contracción de febrero se distribuyó en 13 provincias, con Mendoza y la región patagónica encabezando los índices de caída porcentual, mientras que el norte del país y las zonas asociadas al desarrollo energético exhibieron tenues repuntes estacionales.