El Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantendrá inalterado el actual esquema de restricciones cambiarias para el sector corporativo. En una conferencia de prensa encabezada por su presidente, Santiago Bausili, y su vicepresidente, Vladimir Werning, la conducción de la entidad monetaria sepultó las expectativas de corto plazo sobre una flexibilización en el acceso a las divisas para el atesoramiento empresario, al asegurar que se sienten "cómodos" con el andamiaje regulatorio vigente.

Durante la presentación del Informe de Política Monetaria (IPOM) y la exposición del balance de la entidad, los funcionarios argumentaron que las operaciones vinculadas al comercio exterior ya se encuentran normalizadas, a lo que se sumó este año la autorización para el giro de utilidades correspondiente a los balances de 2025. Sin embargo, Bausili fue tajante al descartar que las firmas puedan pasar a acopiar dólares bajo la misma modalidad que las personas físicas. Con esta definición, la autoridad monetaria ratificó la continuidad de las denominadas "restricciones cruzadas", el mecanismo que penaliza por 90 días con la exclusión del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) a aquellas compañías que realicen operaciones a través del dólar MEP o Contado con Liquidación (CCL).
Detrás de esta prudencia regulatoria subyace la necesidad de cumplir con las metas de acumulación de reservas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Tras haber incumplido los objetivos en las últimas dos revisiones del organismo multilateral, el Central enfrenta el exigente compromiso de adquirir al menos 10.000 millones de dólares a lo largo del año y retener un stock neto de 8.000 millones hacia diciembre. Si bien las compras acumuladas avanzan a buen ritmo, la retención de divisas en las arcas públicas continúa representando un fuerte desafío macroeconómico.
En el plano financiero local, la cúpula del BCRA también cerró la puerta a cualquier intervención regulatoria de emergencia para aliviar la morosidad, que registró un fuerte incremento en los segmentos de consumo e individuos debido al deterioro de los ingresos. Bausili señaló que los niveles de irregularidad crediticia habrían alcanzado su techo entre marzo y abril, y que el sistema financiero cuenta con niveles de capitalización que triplican los mínimos requeridos. Bajo este diagnóstico, la entidad delegó la gestión de los retrasos en las carteras de los propios bancos comerciales, descartando un plan de refinanciación generalizado por vía de decretos o circulares.

Finalmente, el frente externo aportó previsibilidad cambiaria con el anuncio del avance en las negociaciones con Beijing. El BCRA confirmó que se encamina a renovar en agosto el swap de monedas con el Banco de China bajo las mismas condiciones regulatorias actuales, manteniendo la estructura cuasipermanente de este entendimiento financiero que lleva 17 años de vigencia. Asimismo, los funcionarios ratificaron una estrategia "muy prudente" en la remonetización de la economía, previendo que la base monetaria en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) cierre el año en torno al 4,1%, un diseño que prioriza evitar desbordes de liquidez que pongan en riesgo la frágil estabilidad de los agregados financieros.