Tras los problemas de Norton y Bianchi en Mendoza y bodega Montes en San Juan, el preocupante escenario vitivinícola parece ahora haber alcanzado también al mayor grupo bodeguero de la Argentina. Es decir, al Grupo Peñaflor, considerado el jugador más grande de la industria vitivinícola en el país y uno de los 10 productores de vino más importantes del mundo. El conglomerado es controlado por la familia Bemberg (ex propietarios de Cervecería Quilmes) a través del holding Terold y entre sus datos más salientes se destaca por ser el primer exportador de vino embotellado del país y el mayor productor de Malbec a nivel global.
Su presencia geográfica lo muestra como propietario de más de 3.400 hectáreas propias cultivadas en las principales regiones productoras: Mendoza, San Juan, Salta (Valles Calchaquíes), Catamarca y Buenos Aires (Chapadmalal).
Es dueño de 12 instalaciones industriales y emplea a más de 2.000 personas y, con sus marcas, domina todos los segmentos de precios, desde vinos de mesa hasta alta gama. En alta gama y premium compite con Trapiche, Navarro Correas, El Esteco (Salta), Mascota Vineyards y Finca Las Moras (San Juan). En consumo masivo lo hace con Santa Ana, Suter, San Telmo y el popular vino en caja Termidor.

También es dueño de otras marcas de renombre como La Liga de Enólogos, Trapiche Costa & Pampa (vinos de influencia oceánica producidos en Mar del Plata) y bebidas espirituosas y frizzantes como Frizzé.
Escenario preocupante
En el contexto actual, el grupo también ha sido afectado por la "tormenta perfecta" que sufre la industria y enfrenta una situación compleja. Al igual que el resto de la industria vitivinícola, el grupo se ve afectado por una caída significativa en el consumo interno.
Si bien no existen indicios de que pueda seguir el mismo camino de Norton, su situación es preocupante, según confiaron a iProfesional fuentes cercanas a los dueños del grupo. Es que, a pesar de su fortaleza corporativa también atraviesa un período de tensión financiera a inicios de este 2026, marcado por la necesidad de equilibrar sus costos operativos con una demanda interna que no termina de repuntar.
A diferencia de otras bodegas que han entrado en concurso preventivo, Peñaflor mantiene su operatividad, pero bajo una estricta vigilancia de costos. La empresa ha reportado una presión constante sobre sus márgenes debido al aumento en dólares de insumos críticos (vidrio, cartón y energía), que en muchos casos han subido por encima del precio que pueden trasladar a la góndola.
También ha tenido que recurrir a estrategias de refinanciamiento para mantener el capital de trabajo necesario para la vendimia 2026, en un contexto de tasas de interés que siguen siendo un desafío para la industria.
Dependencia exportadora
En este sentido, se la critica por haber adoptado una estrategia de "Importar para Ahorrar". Es decir, comprar vino tinto de Chile para reducir el costo de producción de sus líneas de consumo masivo (como el vino en caja Termidor).
Esta medida busca proteger los márgenes de rentabilidad ante los altos precios exigidos por los productores locales, aunque le ha valido fuertes críticas y tensiones con los viñateros de San Juan y Mendoza.
Los ingresos en moneda extranjera son el pilar que sostiene la salud financiera del holding si se tiene en cuenta que destina una gran parte de su producción de alta gama (Trapiche, El Esteco, Navarro Correas) al mercado externo.
Mercados como Estados Unidos, Reino Unido y Brasil siguen siendo los principales generadores de divisas, permitiendo compensar la caída de doble dígito en las ventas del mercado interno argentino.
Además de apuntalar este negocio, la estrategia financiera para este año prioriza la inversión en marcas de alto valor (vinos de más de u$s15 a u$s20 en el exterior), donde el margen de ganancia es mayor.
Por eso, en la actualidad se observa una racionalización de las marcas menos rentables en el segmento de precios bajos, donde la competencia con la cerveza y otras bebidas es más agresiva y los márgenes son mínimos.
Este escenario demuestra que, a pesar de ser una empresa todavía sólida, se encuentra en "modo defensa", utilizando su escala global para mitigar la crisis del consumo local y recurriendo a la importación estratégica para no perder rentabilidad en sus productos más populares.
Acusaciones y frágil equilibrio
Otro de los problemas que enfrenta y que se complementan a los de tener que soportar un fuerte exceso de stock por la baja demanda, son las acusaciones de los viñateros de San Juan y Mendoza.
En ambas provincias se asegura que Peñaflor realiza maniobras para "pisar" el precio de la uva local y pagar menos a los productores argentinos, agravando la crisis de las economías regionales.
Si bien en el grupo rechazaron hacer comentarios ante las reiteradas consultas de este medio, se puede suponer que, para mitigar el impacto, el holding ha tomado varias direcciones, como la de poner el foco en exportación.
Ante un mercado interno deprimido, han reforzado su presencia en Estados Unidos, Canadá y Europa, buscando generar divisas que compensen la caída local.
También se focaliza en crecer en el único segmento de la industria que mejor resiste la pérdida de poder adquisitivo como es de alta gama.
En este caso, ha anunciado planes de inversión, como los u$s15 millones destinados a Salta y la bodega El Esteco, además de haberse observado cambios en puestos clave de enología y operaciones, buscando renovar la estrategia productiva frente a una vendimia que este 2026 se percibe desafiante por los costos logísticos y de insumos.
En resumen, se puede sostener que el Grupo Peñaflor se encuentra en una fase de reestructuración, tratando de equilibrar su dominio del mercado masivo (afectado por el consumo) con una apuesta fuerte a los vinos premium y la exportación, todo bajo el fuego cruzado con los productores locales por su política de precios e importación.