La historia de FATE y el poder de su dueño, titular de otra firma de gran peso
Al frente de la compañía está Javier Madanes Quintanilla, un peso pesado del círculo rojo. Se reabre interrogantes sobre el presente industrial argentino y el rol de uno de sus empresarios más poderosos, heredero de una dinastía que construyó poder entre la industria automotriz y el aluminio.
El cierre de la planta de Fate en San Fernando representa mucho más que la baja de las persianas de una fábrica. No solo por los más de 900 operarios que quedarán en la calle tras un intenso conflicto gremial, sino porque detrás de esa planta está uno de los empresarios más poderosos de la Argentina: Javier Madanes Quintanilla.
Nacido en Buenos Aires hace 73 años, Madanes Quintanilla es hijo y sobrino de los fundadores de Fate, Adolfo y Manuel Madanes, y hoy su principal accionista. Además, controla Aluar, el único productor de aluminio del país, una posición que lo convierte en una figura central del entramado industrial argentino.
Ingeniero industrial de formación e hincha de River, Madanes Quintanilla combina el bajo perfil público con aficiones personales que lo alejan del estereotipo del empresario más tradicional: es un lector habitual de filosofía, un interés que suele mencionar como parte de su formación intelectual.
Fate se fundó a principios de la década de 1940, en el barrio porteño de Saavedra. Lo que inicialmente era un pequeño taller dedicado a la producción de telas impermeables (las siglas de Fate originalmente correspondían a Fábrica Argentina de Telas Engomadas) para la reparación de las gomas de caucho, derivó a partir de 1945 en la fabricación a pequeña escala de neumáticos y cámaras para automóviles y camiones.
Javier Madanes Quintanilla.
Lo que era una producción casi artesanal fue creciendo con el impulso que vivió la industria automotriz en el país y en la década del 60 inauguró su planta de San Fernando, que ahora acaba de anunciar su cierre.
En un mercado altamente competitivo, Fate logró consolidarse como el único fabricante nacional, apoyada en alianzas con las principales terminales automotrices del país y compitiendo con gigantes internacionales como Pirelli, Bridgestone y Michelin.
El crecimiento de la empresa incluso llevó a Fate a convertirse en sponsor en las camisetas de Boca Juniors y River Plate a mediados de la década de 1980, un espacio que ocupó hasta que en 1989 fue reemplazada por marcas automotrices como Fiat (en Boca) y Peugeot (en River), ambas entonces bajo el control de Sevel, el grupo de la familia Macri.
Sin embargo, en los últimos años, Fate vio amenazada su posición de liderazgo en el mercado doméstico. Primero, por los conflictos con el sindicato de Sutna. “La gente considera que es lo mismo venir a trabajar que no trabajar”, aseguraba hace tres años Javier Madanes en una nota en LA NACION, en la que denunciaba que el ausentismo en la planta de San Fernando se había disparado al 15%.
El segundo golpe para Fate llegó con el cambio de Gobierno y la apertura importadora. Según un informe de la consultora PxQ, la importación de neumáticos, principalmente desde China, saltó 34,8% en promedio entre 2023 y 2025. Como resultado, los precios en dólares oficiales retrocedieron 38,3% y en pesos, 42,6%
Giro estratégico
En paralelo, la familia Madanes dio un giro estratégico en sus negocios cuando, a comienzos de la década de 1970, se quedó con el proyecto impulsado por la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse para desarrollar un polo de producción de aluminio en el sur del país. Así nació, en 1971, Aluar Aluminio Argentino S.A., con una planta en Puerto Madryn.
José Ber Gelbard.
El origen de Aluar estuvo fuertemente atravesado por la política. De hecho, la familia Madanes sumó como socio a José Ber Gelbard, el empresario que poco después asumiría como ministro de Economía durante las presidencias de Juan Domingo Perón e Isabel Perón.
“Mi padre (Adolfo) no quería socios con actividad política. En cambio, mi tío (Manuel) invitó a incorporarse a la compañía a José Ber Gelbard. Eso generó entre ellos un abismo de diferencias”, contó alguna vez Javier Madanes Quintanilla, según consigna Facundo Sonatti en su libro Las 50 de la Bolsa.
Recambio familiar
Las tensiones entre los fundadores del grupo se trasladaron a la segunda generación de los Madanes y, a fines de la década de 1990, Javier —hijo único de Adolfo— terminó comprándoles la mayoría de las acciones a sus primos, los hijos de Manuel.
Hoy, Aluar es el único proveedor nacional de un insumo clave para un amplio abanico de sectores, que van desde la industria automotriz hasta la fabricación de latas de cerveza y gaseosas, además de bicicletas, envases para alimentos y aberturas.
La empresa cotiza en la Bolsa porteña —con poco más del 20% de las acciones en circulación—, pero el control sigue en manos de la familia Quintanilla, que conserva el 68% del capital.
A través de Aluar, además, Madanes controla a otras empresas como la hidroeléctrica Futaleufú, Genpat (transporte de energía) e Infa (parques eólicos).