Sobre “Queremos el beneficio del metal”: una crítica desde la ciencia y no desde el eslogan
La nota titulada “Queremos el beneficio del metal” incurre, desde su primer párrafo, en una estrategia retórica que reemplaza el debate informado por la provocación conceptual. El uso del término “hidrofetiche” no es inocente: no describe una posición técnica ni científica, sino que intenta descalificar a quienes defienden el agua como condición básica de vida, colocándolos simbólicamente en el lugar de un “pueblo primitivo” que rinde culto irracional a un recurso.
Esta caracterización no solo es ofensiva, sino intelectualmente impropia para cualquier discusión seria.
1. Una falsa dicotomía: metales sí, minería en Mendoza no.
El primer error de la nota es construir una falsa oposición moral: “Queremos el beneficio del metal, pero no la cicatriz de la mina”.
Con esta frase se sugiere que quienes cuestionan la megaminería en Mendoza son hipócritas: usan metales pero se niegan a extraerlos en su propio territorio.
Desde la ciencia y la técnica se ha explicado reiteradamente que nadie discute el uso de los metales. Lo que se discute son las condiciones específicas de Mendoza: una provincia árida, organizada como oasis, donde el agua es el eslabón más débil del sistema de vida. Poner en riesgo ese recurso implica poner en riesgo la vida de más de dos millones de personas.
No es una discusión ideológica. Es una discusión física, hidrológica y biogeoquímica.
2. Error categorial fundamental: qué es el agua.
La nota incurre luego en un error conceptual grave: tratar al agua como una mercancía equiparable a otros bienes económicos. El agua es un recurso natural, no un producto con precio intrínseco. En todo el mundo:
• No se paga el agua en sí
• Se paga su captación, conducción, tratamiento y distribución
Esto es tan válido para el agua como para el petróleo: el valor económico está en el proceso, no en la sustancia natural.
Calificar al sistema de riego mendocino como una “violación sistemática del desierto” revela un desconocimiento profundo de cómo se construyen históricamente los oasis y cómo funciona la adaptación humana a territorios áridos.
3. El ciclo del agua: lo que no se pierde Otro punto central ignorado en la nota es el ciclo hidrológico. El agua utilizada en la agricultura no desaparece: se evapotranspira, cambia de estado físico y vuelve al sistema.
Ejemplo concreto:
• Una hectárea de vid en verano evapotranspira ~6 mm/día
• Eso equivale a 60 m³/ha/día
• En 200.000 hectáreas, hablamos de ~1,2 hm³ diarios que regresan al sistema atmosférico.
El agua agrícola no se destruye, no se “consume del mundo”. Cumple su ciclo.
4. La diferencia clave: agua agrícola vs agua minera. Aquí está el punto que la nota nunca aborda seriamente. El agua usada en minería sí puede dejar de ser agua disponible, porque:
• Forma compuestos químicos estables
• Se contamina con metales pesados y ácidos
• Sale del ciclo natural utilizable
Los drenajes ácidos de mina no son una hipótesis ideológica: son procesos químicos bien conocidos, que se producen cuando materiales sulfurados entran en contacto con oxígeno y agua, generando ácido sulfúrico y movilizando metales tóxicos.
Eso sí inutiliza el agua, altera el pH de ríos y acuíferos y compromete su uso para consumo humano y riego.
5. Un solo sistema hídrico, un solo riesgo. En Mendoza no existen “dos aguas”: superficial y subterránea separadas. El sistema hídrico es uno solo, interconectado, y altamente vulnerable a:
• Filtraciones
• Conectividad entre acuíferos
• Actividad sísmica
La contaminación en alta montaña puede migrar hacia aguas subterráneas que abastecen al Este mendocino y hacia ríos que proveen agua a más de un millón de personas.
Esto no es fetichismo. Es hidrogeología básica.
6. Errores técnicos adicionales. La nota menciona reiteradamente al silicio como ejemplo de beneficio minero, cuando:
• El silicio es un metaloide
• Es el segundo elemento más abundante de la corteza terrestre
• No se extrae mediante megaminería metálica Introducirlo en este debate solo contribuye a la confusión conceptual.
7. Conclusión: metáforas sin ciencia no son argumentos
Frases como:
• “minería hídrica”
• “no hay agua sin metal”
• “el agua y el metal son la misma cosa” carecen de sustento teórico, científico o técnico. Son consignas retóricas que no resisten el menor análisis serio.
La discusión sobre minería en Mendoza no necesita metáforas provocadoras, sino precisión conceptual, conocimiento del territorio y respeto por la ciencia.