Procesaron a la ex fiscal Viviana Fein por contaminar la escena del crimen de Alberto Nisman
Es por el delito de encubrimiento agravado. Para el juez Ercolini, la fiscal no preservó el lugar y permitió que decenas de personas recorrieran el departamento sin ningún tipo de cuidado.
La justicia federal ha dado un paso que redefine la narrativa del caso Nisman, centrando ahora la lupa sobre quienes debieron custodiar la verdad y terminaron, según el fallo del juez Julián Ercolini, sepultándola bajo una cadena de irregularidades. El procesamiento de la exfiscal Viviana Fein por encubrimiento agravado no es simplemente un reproche procesal; es el crudo relato de una escena del crimen que fue tratada con una negligencia que, para el magistrado, roza lo intencional.
En una resolución que disecciona la fatídica madrugada en el complejo Le Parc, Ercolini sostiene que Fein no fue una espectadora pasiva del caos, sino su principal responsable. La imagen de aquel departamento de Puerto Madero, convertido en un desfile de más de cincuenta personas —muchas de ellas sin función clara ni protocolos de higiene—, es hoy la prueba central del desvío de la investigación. El fallo subraya que la fiscal demoró su llegada de manera injustificada, permitiendo que el escenario donde yacía el fiscal que había denunciado a la entonces presidenta se contaminara de forma irreversible.
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Lo que resulta más demoledor en el escrito judicial es la descripción del manejo de la evidencia física. El juez recuerda episodios que ya forman parte de la memoria visual del caso, como el perito que limpió con su dedo ensangrentado la numeración del arma o el uso de la cocina de la víctima como si fuera un área de descanso para los efectivos. Para la justicia, estas no fueron torpezas aisladas de una fiscalía desbordada, sino una omisión deliberada de los protocolos mínimos de preservación, diseñados específicamente para descartar o confirmar la intervención de terceros.
Al procesar a Fein bajo la figura de encubrimiento agravado, el juez ratifica la tesis de que la investigación inicial se montó para sostener la hipótesis del suicidio, ignorando sistemáticamente cualquier indicio que apuntara a un homicidio. En este escenario, la falta de control sobre los accesos secundarios del departamento —como el pasillo técnico— y la ausencia de rigor científico no habrían sido errores de cálculo, sino herramientas para garantizar la impunidad de los autores del crimen.
Este nuevo escenario judicial coloca a la exfiscal en una posición de vulnerabilidad inédita, despojada de las estructuras de poder que alguna vez la sostuvieron. Mientras ella alega ser un "chivo expiatorio" de un sistema que busca cerrar el caso con nombres propios, el fallo de Ercolini envía un mensaje contundente: el desorden de aquella noche no fue azaroso, sino el primer acto de una maniobra para que la muerte de Alberto Nisman nunca llegara a esclarecerse.