Hay que erradicar 70 mil hectáreas o faltan políticas para la vitivinicultura
El debate se instaló a raíz de las declaraciones que realizó el historiador Pablo Lacoste. Las posturas de los distintos actores del sector.
Todavía no se apaga el debate que generó el doctor en historia, Pablo Lacoste, cuando declaró por radio Post que era necesario erradicar 70 mil hectáreas de vid en Argentina. Dijo también que había que terminar con los subsidios para el sector y que la vitivinicultura funciona como “una máquina de escribir”, apelando a su forma obsoleta de desarrollarse.
Es importante destacar que Lacoste, entre otros temas, estudió mucho la vitivinicultura de Mendoza, de Argentina y del mundo. Publicó libros y papers que documentan sus conocimientos. Más allá de esto, las palabras de Lacoste fueron fuertes, también hay que decir que se animó a decir públicamente cosas que muchos sostienen hablando en privado. Se puede coincidir o no, pero el debate está planteado y eso es lo importante en una provincia en la que no se discute casi nada.
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¿De dónde sacó el número?
Entre las críticas formuladas, la más recurrente es la duda sobre las 70 mil hectáreas. ¿De dónde sacó el número Lacoste?, se preguntan varios y él se lo explicó a El Medio. “Para la demanda que tiene el vino argentino, alcanzan 100.000 hectáreas. O sea, de las 200.000, con 100.000 hectáreas alcanzan. En un Congreso Internacional que se hizo sobre el vino en Francia, los expertos dijeron que lo que se calcula es que se va a arrancar cerca del 30% del viñedo mundial. Si Argentina tiene 200 mil hectáreas, 70 mil hectáreas andan dentro de ese promedio mundial”, dijo.
Mendoza, según datos del INV, en 2024 tenía 145 mil hectáreas cultivadas con vid, si aplicamos la reducción del 30% habría que erradicar 43.500 hectáreas.
Diversificación y equilibrio con mosto
Sergio Villanueva, director de la Unión Vitivinícola Argentina, entiende que el mercado objetivo del vino que tiene Argentina son unos 950 millones de litros.
Afirma que en nuestro país, desde la década del ´90, cuando cayeron las regulaciones que sacó Cavallo, se hizo el Acuerdo Mendoza-San Juan y se viene diversificando hacia actividades no vínicas. “De las 200.000 hectáreas, cerca de un 30%, dependiendo el año, van a mosto. Si no tuviéramos el mosto, esos viñedos tendrían que haberse erradicado, justamente porque no tenían mercado; pero se consiguió el mercado y están, son unas 60.000 hectáreas. Por eso cuando se sacan cuentas del mercado del vino, no se habla de los otros mercados diversificados, como el del mosto, con lo cual estamos exagerando un poco el tema”.
Villanueva es consciente que habrá un ajuste, porque además de la baja del consumo, se apostó mucho por los tintos y ahora la gente está virando a los blancos. “Eso no sería tan dramático. El ajuste que se va a producir tiene que ver con la rentabilidad del sector, Argentina tiene que reequilibrar su stock como lo tuvo en algún momento, y creo que si hubiéramos diversificado un poquito más los últimos 4 años; hoy los stocks serían bastante escasos”.
En vez de erradicar, el director de la Unión Vitivinícola Argentina, entiende que la mejor forma de reequilibrar el mercado es con mosto, con exportaciones de vino a granel y fraccionado también. “Hay que tener claro que el mercado de los vinos fraccionados es más estable, con lo cual es más difícil crecer y las caídas son abruptas”.
Tenemos otras posibilidades
El enólogo de la bodega Catena Zapata y cofundador de la bodega El Enemigo, además de titular de Wines of Argentina (WOFA), Alejandro Vigil, tiene una mirada comprensiva sobre las declaraciones de Lacoste, pero también propone otras soluciones. “Lacoste se basa en lo que está pasando en España o en Francia. También tiene una lógica de ordenamiento territorial que se ha planteado muchas veces. En España ya se hizo en los años 50, donde se sacaron viñedos de las partes poco productivas”.
Concretamente sobre la erradicación señala que tenemos la posibilidad de “no tener que arrancar los viñedos. Tenemos una posibilidad muy grande en cuanto a nuestra relación precio-calidad, que por más que el consumo baje, nosotros somos el 2,5% del consumo mundial, por lo cual nos queda todavía un 98,5% por conquistar. Yo apuntaría mucho más hacia ese sitio que hacia el arranque”.
Vigil está convencido de lo que dice: “Tenemos muchas posibilidades. Mejorando las condiciones de competitividad que hoy tiene la Argentina, sin lugar a dudas el vino va a tener un lugar importante. Deberíamos estar pensando mucho más en cómo nos volvemos más competitivos con relación al dólar y con la carga impositiva. Y a partir de ahí, con la calidad que nosotros tenemos, podemos lograr no solo ganar mercado y no caer, sino sustituir a otros países”.
“Aún así, entiendo perfectamente el planteo de Lacoste. Lo entiendo perfectamente porque es la solución que se ha encontrado en varios de los países productores de vino”, sentenció.
Lo que hace falta
Nicolás Vichi, gerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas, consideró que estamos lejos de tener que erradicar 70 mil hectáreas de viñedos en Argentina porque la vitivinicultura es diversa.
Con precisión Vichi enumeró los inconvenientes que le impiden crecer a la vitivinicultura. “Si tuviéramos una política de integración tendríamos 184 mil millones de pesos en valor agregado, pero no están dadas las condiciones para desarrollar al máximo el potencial de la vitivinicultura porque tenemos una presión impositiva del 57%, frente a Chile que tiene un 30 y es competidor directo. Casi no tenemos acceso a financiamiento, en Europa el financiamiento tiene un interés del 2% anual y aquí tenemos un interés mucho mayor y costos logísticos desproporcionados. La volatilidad cambiaria que te deja fuera de mercados que te lleva años construir, la baja de ingresos de la clase media pega directo en el consumo y además no tenemos ningún acuerdo comercial”.
Desde el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, entienden que la vitivinicultura innovó y se instalaron otros productos por el cambio de consumo, “ya sabemos eso, la vitivinicultura innovó en envases, en lata, en bag in box y otros productos”, explicó el gerente de la entidad, Mauro Sosa.
Ahora “se está buscando una manera de ser parte en esta guerra comercial que significa mercados saturados de bebidas que ya están compitiendo. Estamos hablando de las bebidas destiladas, de las cervezas, de los jugos, de las bebidas ya preparadas y todo ese consumo”.
Para Sosa la situación no es tan dramática como se plantea, “se hace referencia a los excedentes de vino y me recuerda a la época en la que se hablaba de océanos de vino, mares de vino. Se habla de un stock de seis meses proyectados a junio del año que viene, con una cosecha cuya expectativa está quizá en un 30% por debajo de la del año pasado; eso equilibra el mercado”.
De todas formas, se sabe que el mercado vitivinícola, con medidas o no, se viene ajustando. Mendoza perdió 16.864 hectáreas de vid entre 2015 y 2024 según indica el informe anual del Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Pero obviamente, no todos piensan igual dentro de la industria. Un CEO que se dedicó mucho tiempo a la vitivinicultura coincide 100% con Lacoste y afirma que la vitivinicultura es un Startack, apelando a un modelo de teléfono antiguo. “Hay que dejar de dar subsidios. El rol del Estado rompe el negocio porque los subsidios son para siempre, y no por un tema puntual. Entonces, artificialmente, siguen existiendo variedades que nadie necesita. Y cuando las bodegas no las compran, las compra el Estado. De esa manera, los productores siguen con las mismas variedades porque el negocio, aunque muy marginalmente, les sigue cerrando”.
Walter Bressia, titular de Bodegas de Argentina, fue consultado sobre la errradicación de las 70 mil hectáreas y no contestó el mensaje.
Por su parte, Natalia Palazzolo, doctora en Ciencias Sociales y estudiosa de la vitivinicultura, afirma que es cierto que el consumo cae, pero considera que influyen las medidas macroeconómicas de Javier Milei y las de Alfredo Cornejo pagando salarios bajos. “Al reducir el dinero circulante; hacen que el consumo de vino caiga porque el 75% de la producción de vino se destina al mercado interno. Cuando hay poco dinero circulando porque caen los salarios, caen las jubilaciones, caen los ingresos fijos, tiende a caer el consumo de vino porque es fácilmente reemplazable por otro producto, o se deja de consumir cuando suben los precios”.
Agregó además que “la industria ha mostrado capacidad de innovación, en el Fondo Vitivinícola tienen claro que los jóvenes están dispuestos a consumir vinos más frescos, con menor gradación alcohólica, con otro tipo de variedades. También está la apuesta al enoturismo que está creciendo muy fuerte”.
El plan que implementa San Juan para evitar la erradicación y la reconversión tecnológica
San Juan es la segunda provincia vitivinícola del país detrás de Mendoza y con características muy diferentes. No siempre fue así, María Griselda Henríquez, magister en desarrollo Urbano Regional y Doctora en Ciencias Sociales, en su trabajo De la ganadería a la vitivinicultura en San Juan. La consolidación del nuevo orden, indica que en 1875 La Rioja ocupaba el primer lugar con viñedos, tenía 3.885 cuadras cultivadas, le seguía San Juan con 1.226 y atrás Mendoza con poco menos de la mitad, 543 cuadras.
Alfredo Aciar, secretario de Coordinación para el Desarrollo Productivo de San Juan, es un gran conocedor de la vitivinicultura. Es economista, la estudió y ocupó en Mendoza puestos importantes relacionados con la industria.
En San Juan, ante la caída mundial del consumo de vino, se hizo un diagnóstico y se definió un plan, comentó Aciar.
Así fue como detectaron que, en San Juan, con el 30% de la uva se hacen pasas que tienen buen precio. Otro 30% va a mosto, un 10% a uva de mesa y el resto, entre un 20 y 25%, va a vinificar y dentro de ese porcentaje el 10% es vino de calidad embotellado, precisó el funcionario.
“Vemos entonces que el 70% de la uva va a parar a alimento sin alcohol. Así fue como decidimos apostar por los vinos de valle, que son los de calidad, y el vino común lo vamos a reconvertir hacia alimento, esto sería a pasas o mosto”.
“En San Juan hay unas 40 mil hectáreas de viñedos, de esas se riegan por goteo 10 mil, hay otras 30 mil que todavía se están regando a manto. Esa situación es inviable por la escasez de agua. En ese contexto vimos que era una buena oportunidad para un recambio de los viñedos. Vamos a diseñar un sistema de crédito blando a largo plazo para que los productores se reconviertan técnicamente, para que puedan hacer buen uso del agua y de la energía. Es una reconversión tecnológica”, destacó Aciar.
“Con créditos blandos podrán comprar el equipo de riego, instalar el reservorio, tener una parcela en un parque solar que hará el Epse (Energía Provincial Sociedad del Estado) y que le enviará energía al lugar en el que esté la finca. También podrá financiar el cambio de vino a pasa o mosto”, explicó y agregó: “La clave es el riego, si no hay reconversión de riego, el productor no accede al crédito ni a ninguna de las otras opciones”.
Los límites al desarrollo vitivinícola
- Presión impositiva del 57%
- Escaso acceso al crédito
- Costos logísticos elevados
- Volatilidad cambiaria
- Dificultad para consolidar mercados
- Bajo poder adquisitivo que impacta en el consumo
- Sin acuerdo comercial con otros países