El Congreso busca frenar el ahogo fiscal a las PyMEs con una tregua de ARCA
Un proyecto de ley impulsado en la Cámara de Diputados propone la suspensión automática de embargos, planes de hasta 60 cuotas y tasas subsidiadas. La iniciativa busca institucionalizar los reclamos de la UIA y la CAC ante los alarmantes indicadores de cierres fabriles y destrucción del empleo.
El Palacio Legislativo se convirtió en el nuevo escenario de disputa por la supervivencia del entramado productivo de menor escala. Ante lo que la oposición y distintas entidades gremiales empresarias califican como una inacción del Poder Ejecutivo, la Cámara de Diputados comenzó a analizar una propuesta de alivio fiscal de emergencia. La iniciativa apunta de manera directa a congelar las herramientas de coacción de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el organismo que reemplazó a la AFIP, cuyas ejecuciones fiscales están comprometiendo la cadena de pagos del sector privado.
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El proyecto de ley, presentado por la diputada nacional Roxana Monzón (Unión por la Patria), propone la creación de un régimen integral de desendeudamiento para micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs). El corazón del texto establece la suspensión automática de cualquier embargo o ejecución judicial por parte de ARCA sobre las cuentas bancarias y los activos de las firmas que se acojan a la norma. Para solucionar el pasivo acumulado, se fija una estructura de facilidades de pago que extiende los plazos hasta en 60 cuotas mensuales, con el beneficio crítico de la condonación absoluta de los intereses punitorios. El menú de auxilio se complementa con una inyección financiera: la obligación del Banco Nación de abrir líneas de crédito específicas con tasas subsidiadas orientadas a sostener el capital de trabajo y apalancar la reconversión tecnológica.
La justificación de la norma se apoya en un crudo diagnóstico de la economía real, nutrido por datos estadísticos oficiales. De acuerdo con los fundamentos del proyecto, la parálisis de la actividad económica provocó el cierre de más de 25.000 empresas en todo el territorio nacional desde el cambio de gestión en diciembre de 2023. El impacto territorial es especialmente severo en la provincia de Buenos Aires, donde el empleo registrado sufrió la pérdida de más de 106.000 puestos de trabajo en el mismo lapso. A esto se añade la última medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) sobre la utilización de la capacidad instalada en la industria, que promedia un magro 53,6%, exhibiendo mínimos históricos en actividades sensibles como la metalmecánica, la automotriz y el rubro textil.
Desde el punto de vista político, la presentación legislativa busca capitalizar un malestar que ya trascendió las fronteras de la oposición interna. Durante las últimas semanas, corporaciones empresarias de peso como la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), junto a diversas asociaciones de profesionales contables, exigieron de manera formal e institucional al Gobierno una moratoria o un freno a las medidas cautelares sobre cuentas corporativas. La postura de los industriales es clara: un embargo inhabilita la compra de insumos, impide el pago de salarios y empuja a la firma a la informalidad o la quiebra, anulando su capacidad futura de aportar al fisco.
Hasta el momento, la respuesta de la Casa Rosada a esta demanda generalizada ha sido restrictiva. El Ministerio de Economía solo habilitó un plan excepcional de 60 cuotas focalizado estrictamente en el subsistema de salud privada (clínicas y sanatorios), dejando al resto del universo PyME desamparado frente a las intimaciones. Con el giro del texto a la Comisión de Industria de la Cámara Baja, el arco legislativo intentará forzar un debate que el oficialismo buscaba postergar, transformando la emergencia financiera de las PyMEs en un eje de negociación política ineludible.