Dignidad Educativa Unida: cuando la política vuelve a mirar la escuela

El autor de la columna analiza la crisis que atraviesa la educación mendocina y pone el foco en el rol del SUTE. En concreto, sostiene que el sindicato ha dejado de ser un puente entre los docentes y el Estado.

ANALISIS

La educación mendocina atraviesa uno de los períodos más críticos de su historia reciente. Las escuelas enfrentan una degradación visible: entornos cada vez más complejos, dificultades pedagógicas profundas, violencia creciente y una comunidad educativa que, poco a poco, se ha ido acostumbrando a trabajar desprovista de acompañamiento real. Este escenario no se explica por un solo factor, pero sí tiene un protagonista ineludible: la ausencia de quienes deberían haber representado y defendido a los trabajadores de la educación.

La conducción actual del SUTE se ha transformado en una estructura rígida, distante y encerrada en sí misma. Convertida prácticamente en una casta, ha dejado de ser un puente entre los docentes y el Estado para convertirse en un sello burocrático más, incapaz de interpretar las necesidades urgentes de quienes sostienen el sistema educativo. La desconexión es tan evidente como dolorosa: mientras las escuelas reclaman orientación, presencia y soluciones, el gremio se replega en debates internos que nada tienen que ver con la realidad cotidiana de las aulas.

En medio de este vacío, emerge Dignidad Educativa Unida, un espacio político —y no gremial— que nace a partir de una convicción fundamental: la educación debe volver a ocupar un lugar central en la agenda pública de Mendoza. Este proyecto surge como respuesta a una demanda largamente postergada: una mirada política que comprenda la dinámica real de las escuelas y que construya propuestas desde el territorio, escuchando a docentes y celadores en lugar de ignorarlos.

Dignidad Educativa no intenta disputar representatividad gremial ni ocupar el lugar del SUTE. Lo que propone es algo distinto y necesario: volver a pensar la educación como política pública, con planificación, responsabilidad y presencia. Su trabajo diario en escuelas, su cercanía con quienes enseñan y contienen, y su voluntad de acompañar con acciones concretas, lo posicionan como un actor que entiende que la crisis educativa requiere compromiso y presencia, no consignas vacías.

Este espacio político se convierte así en una bocanada de aire fresco dentro de un sistema que lleva años sin recibir una mirada seria y actualizada. La educación mendocina necesita una agenda que escape a las urgencias coyunturales y que se construya con la participación real de quienes viven cada día la complejidad del aula. Y ahí radica la importancia de Dignidad Educativa: en su capacidad para ofrecer un camino alternativo a la indiferencia institucional que ha marcado los últimos años.

La historia demuestra que los sistemas se fortalecen cuando las instituciones que deben sostenerlos cumplen su rol. Cuando esas instituciones fallan —como ocurre hoy con la conducción gremial del SUTE— surgen nuevos actores dispuestos a ocupar los espacios abandonados. Dignidad Educativa encarna precisamente esa voluntad de reconstrucción, de devolverle dignidad al trabajo docente y de recuperar la centralidad de la educación en la vida pública mendocina.

Si algo necesita hoy Mendoza es un proyecto político que mire la escuela no como un escenario para agendas personales, sino como el corazón del desarrollo provincial. Dignidad Educativa aparece en un momento clave, en un tiempo donde la educación reclama a gritos ser escuchada. Y tal vez, por primera vez en mucho tiempo, alguien está dispuesto a hacerlo.

Prof. Ramon Carvajal. Presidente DEU.

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