Argentina está en el espacio

Desde el Centro Cultural de la Ciencia se siguió el despegue, en directo, de la misión tripulada de la NASA hacia la Luna.

SOCIEDAD

Aplausos y gritos estallaron de inmediato hace instantes en el auditorio del Centro Cultural de la Ciencia, en el barrio porteño de Palermo, desde donde se pudo seguir el lanzamiento, en directo, de la misión tripulada de la NASA hacia la Luna. A bordo de la nave, viaja el microsatélite argentino Atenea.

Los minutos previos que se anunciaron desde el centro de control en Cabo Cañaveral estuvieron cargados de tensión, mientras algunos de los asistentes pedían silencio para seguir atentos los diálogos. Los celulares apuntados a la pantalla no dejaban de grabar el momento. A los nueve minutos, se restableció el contador y se apagaron las luces del auditorio. Paso a paso, avanzaba la preparación final para el despegue. Para entonces, el auditorio tenía colmada su capacidad estimada en 500 personas.

“Todo está en calma. Todo está listo”, anunciaron en la transmisión. Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos… y todos estallaron en aplausos y gritos. Enseguida, se hizo silencio, una vez más, para poder seguir el trayecto a medida que los motores aumentaban su potencia. De nuevo, los gritos y los aplausos, que se fueron repitiendo con cada etapa cumplida que iba dando cuenta de un despegue exitoso. Así, hasta que la nave Orion quedó expuesta al espacio, entre imágenes en color y en blanco y negro que iba compartiendo la NASA.

“Con muchos nervios esperamos el lanzamiento”, dijo Araceli Barrera, ingeniera mecánica de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) que participó en el desarrollo del microsatélite argentino Atenea a bordo de la nave Orion.

“Es un sueño hecho realidad. No solo por llevar un satélite al espacio, sino porque participamos en una misión que vuelve a la Luna después de tantos años”, ponderó Sonia Botta, ingeniera del Centro Tecnológico Espacial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Su equipo participó, por ejemplo, del diseño térmico y estructural de Atenea, la seguridad de los tornillos, el control de configuración, la fabricación de la estructura y el control de la configuración, la estructura externa y los refuerzos y los elementos de control térmico. Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (Senyt), también de la UNLP, trabajó en los sistemas de comunicación y geolocalización.

“¡La Argentina está en el espacio!”, se escuchó en el auditorio y, de nuevo, empezaron los aplausos.

Cinco horas y media

Tendrán que pasar, ahora, cinco horas y media para que Atenea se despliegue en el espacio y empiece a transmitir información sobre su “estado de salud” operativa hasta llegar a unos 72.000 kilómetros de distancia desde la Tierra. Será una vez que se separe el adaptador donde el satélite quedó instalado desde octubre, con la carga de batería completa, a la espera de poder quedar en órbita. La información la recibirán dos equipos en las estaciones terrenas de la Conae en Córdoba y Tierra del Fuego.

“Fue muy emocionante el lanzamiento. El ruido que se siente es como de un trueno”, contó por videollamada Fernando Filippetti, responsable por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) en el proyecto. Con otros integrantes de las instituciones que participaron del diseño y el desarrollo de Atenea, viajó a Cabo Cañaveral para presenciar el lanzamiento. Anticipó que seguirán trabajando en las misiones Artemis. “Es muy bueno haber logrado construir este satélite en primer lugar y ser parte de este lanzamiento”, dijo durante la comunicación por pantalla gigante. “Tenemos, ahora, un gran antecedente en la Argentina. Lo próximo será poder colaborar en un desarrollo de algo que alunice”, dijo.

La gente mira el lanzamieneto en el Centro Cultural de la Ciencia, en el barrio porteño de Palermo.

Para Miranda Batto, de 20 años, las imágenes de la transmisión que acababa de seguir fueron “una locura”. Como estudiante de tercer año de ingeniería aeroespacial en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), su sueño en participar en un lanzamiento. “Lo vivimos con toda la emoción, sobre todo en los últimos diez minutos”, agregó a LA NACION. “Todo salió bien”, expresó, después de destacar el trabajo con el que, “en tan poco tiempo”, se logró un producto final que pasó las pruebas que exigía la agencia espacial estadounidense.

Los requisitos a cumplir fueron muy estrictos, según habían explicado desde la Conae, por tratarse de una misión en la que había que asegurar todo al máximo por seguridad de los cuatro astronautas en la misión.

“¡Fue superimpresionante!”, dijo Malena, de 10 años, a la salida del auditorio. Su padre le propuso ir a ver el lanzamiento y ella, según contó, aceptó enseguida. Lo que más le impresionó fue el momento en que se desprendieron los cohetes del compartimento central de la nave.

Ahora, en la estaciones de la Conae esperan la comunicación con el microsatélite. “Nos va a llevar algunos meses analizar los datos”, mencionó Barrera.

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