Advenimiento de Kast a la presidencia de Chile

El historiador mendocino radicado en el país trasandino, hace un análisis sobre la llegada del nuevo presidente en Chile y en América Latina.

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Finalmente, José Antonio Kast ha asumido como presidente de Chile y de inmediato, ha puesto en marcha su “Plan de Emergencia”. El mismo día de la asunción, ha firmado tres decretos para avanzar en esa dirección, incluyendo la orden para realizar Auditorías a fondo de la gestión anterior, lo cual implica una señal muy clara: no habrá “códigos”. Es decir, va a revisar en forma implacable los papeles públicos para detectar eventuales hechos de corrupción.

El discurso de ayer por la noche tuvo un perfil centrista: no hizo apología de referentes de derecha ni hubo descalificaciones ni agresiones hacia los gobiernos de izquierda. Utilizó un lenguaje “políticamente correcto”, mesurado y equilibrado. Una de las pocas referencias simbólicas fue la reivindicación de la figura de Diego Portales, el arquitecto de la construcción de las instituciones a través de la Constitución de 1833 que logró sacar tempranamente a Chile de las guerras civiles, y encarrilar el país hacia un modelo republicano de división de poderes. Buena parte de América Latina estaba todavía en el ciclo que dictaduras y guerras civiles, que se prolongó por medio siglo. En otras palabras, al identificarse con Diego Portales, Kast asume un compromiso con la división de poderes, el respeto por las instituciones republicanas y la seguridad jurídica.

Los críticos de Kast suelen estigmatizarlo como “ultraderecha”. Pero no se le conocen referencias antisemitas ni racistas, propias de este tipo de ideología. Kast es católico practicante, pero no vinculado a organizaciones duras: está en el movimiento Shoenstat, conocido por su piedad mariana.

No se entiende muy bien la banda presidencial que ha elegido Kast: tiene bordado el escudo nacional, lo cual podría no tener nada raro, dado que es un símbolo del país; salvo por un detalle: a diferencia de los presidentes constitucionales de 1990 hasta hoy, esa banda presidencial la utilizó el dictador Pinochet. Parece un error no forzado de Kast, que puede generar, innecesariamente, irritación entre varios sectores de la sociedad chilena.

La ceremonia tuvo otro elemento importante: la ausencia del presidente de Brasil. Lula había confirmado su presencia en esta ceremonia, como forma de sentar las bases de una política de integración regional transversal, lo cual ahora queda en vilo.

En efecto, mientras Europa ha logrado la integración de sus países en un bloque regional, con moneda única y sin fronteras interiores, América Latina sigue atascada, en la misma situación de hace 50 años. Los intentos de integración han fracasado por el sectarismo de los presidentes: en vez de acuerdos de Estado a Estado, se hicieron clubes de amigos, de izquierda (Unasur) o de derecha (Prosur), que duraron lo mismo que los gobiernos de turno. Como resultado, seguimos fragmentados en 35 paises aislados, inconexos y débiles.

La presencia de Lula hubiera servido para romper esa lógica sectaria; pero lamentablemente, al no asistir, se han frustrado todas las expectativas de poner en marcha un espacio de integración de largo plazo.

Pero también hay buenas noticias, sobre todo por la inminente mejora de las relaciones de Chile con Argentina y Bolivia. La presencia de los presidentes Javier Milei y Rodrigo Paz representa un punto de inflexión en las frías relaciones de Chile con sus dos vecinos orientales. Los tres mandatarios ya estuvieron juntos el sábado pasado en De Mar a Lago, y ahora volvieron a encontrarse en Santiago. A partir de esta cercanía se generan expectativas de mejoramiento de las relaciones regionales, que luego podrían proyectarse hacia el resto del territorio. Tema para seguir de cerca en los próximos meses.

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