Mendoza fue construida sobre la capacidad de transformar la adversidad en oportunidad. Convertimos el desierto en oasis y levantamos una provincia productiva gracias al esfuerzo, la innovación y la cultura del trabajo. Pero hoy ese modelo necesita dar un paso más.
La realidad económica actual nos obliga a pensar una nueva matriz de desarrollo. Ya no alcanza con administrar lo conocido: necesitamos diversificar la economía, generar nuevas industrias y construir oportunidades reales para las próximas generaciones.
En ese escenario, el cannabis medicinal y el cáñamo industrial representan una posibilidad concreta para Mendoza. No se trata de un debate ideológico, sino productivo. En distintas partes del mundo esta industria ya genera empleo, inversiones, innovación científica y agregado de valor.
Nuestra provincia tiene condiciones excepcionales para posicionarse en ese mercado: clima, capacidad agrícola, universidades, conocimiento técnico y experiencia exportadora. El desafío es tener visión estratégica para no llegar tarde a una industria que crece a nivel global.
Pero además, Mendoza tiene otra enorme oportunidad en el turismo de bienestar y desconexión. El mundo demanda cada vez más experiencias vinculadas a la salud, el descanso, la naturaleza y la calidad de vida. Ahí también tenemos ventajas naturales únicas que todavía no estamos aprovechando plenamente.
La discusión de fondo es qué modelo de provincia queremos construir. Uno que dependa únicamente de actividades tradicionales o uno capaz de incorporar nuevas economías, atraer inversiones y generar trabajo de calidad para los jóvenes mendocinos.
La Mendoza Verde no es una consigna vacía, es la posibilidad de impulsar un nuevo ciclo de desarrollo sustentable, moderno y productivo, donde nuestros bienes comunes, el conocimiento y la innovación se conviertan en herramientas para construir más empleo, más oportunidades y más futuro. Tenemos que creer para crear esa opción y yo estoy dispuesto a trabajar y formar equipos para que suceda.