Otra láctea en problemas, Verónica y la crisis de la lechera familiar que jaquea a la industria
Con un pasivo que supera los 14.000 millones de pesos y el procesamiento de casi 4.000 cheques sin fondos, la histórica firma santafesina enfrenta denuncias por vaciamiento y una parálisis productiva que pone en riesgo 700 puestos de trabajo.
La emblemática firma Lácteos Verónica, que durante décadas se consolidó como una de las marcas de referencia en las góndolas argentinas, atraviesa hoy su hora más crítica bajo el peso de un pasivo asfixiante y acusaciones de vaciamiento que amenazan con su desaparición definitiva.
Con más de 90 días de sueldos impagos para sus 700 trabajadores y una alarmante acumulación de casi 4.000 cheques sin fondos, la crisis de la compañía santafesina no solo representa un drama laboral de escala regional, sino que actúa como un síntoma de la profunda degradación que sufre el sector lácteo ante el desplome del consumo interno y el encarecimiento de los costos operativos.
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La parálisis total de sus plantas productivas ha encendido las alarmas en el Gobierno de Santa Fe, donde funcionarios y representantes gremiales intentan infructuosamente convocar a la familia Espiñeira, propietarios de la firma, para buscar una salida que evite la pérdida masiva de empleos. Sin embargo, el diálogo se encuentra estancado ante la ausencia sistemática de la cúpula directiva en las mesas de negociación.
La situación financiera es, por demás, elocuente: los registros del Banco Central exponen una deuda bancaria que supera los 14.000 millones de pesos, repartida entre las principales entidades financieras del país y sociedades de crédito. A esto se suma el reclamo desesperado de unos 150 productores tamberos, a quienes se les adeuda una cifra cercana a los 60 millones de dólares por materia prima entregada, una mora que pone en riesgo la subsistencia de numerosos establecimientos rurales en la cuenca lechera.
El conflicto ha tomado un cariz judicial y político tras las denuncias de presuntas maniobras de vaciamiento deliberado. Voces parlamentarias señalan que, mientras la empresa principal se queda sin insumos y suspende pagos, los propietarios habrían desviado la producción de sus propios tambos hacia competidores directos y registrado nuevas sociedades comerciales con objetos sociales idénticos al de la firma en crisis.
Este escenario sugiere una estrategia de desgaste orientada a forzar renuncias y licuar pasivos, en un contexto donde el antecedente inmediato de la quiebra de SanCor proyecta una sombra inevitable sobre el futuro de Verónica. Sin obra social ni aportes jubilatorios, los trabajadores quedan atrapados en un limbo legal mientras la marca, que supo ser orgullo de la industria nacional, se encamina hacia un desenlace que parece dictado por la insolvencia y el desinterés de sus conductores.