Los medicamentos se podrán comprar en kiosco y supermercados

A través de reformas impulsadas por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, el Ejecutivo busca reconfigurar el histórico monopolio de las farmacias tradicionales, abriendo la comercialización de analgésicos y antiácidos a comercios comunes y canales electrónicos.

ECONOMIA

El escenario de la comercialización farmacéutica en la Argentina se encamina hacia una profunda transformación estructural tras la decisión del Gobierno nacional de avanzar decididamente con un nuevo paquete de desregulación económica que permitirá comprar remedios que no requieren receta, de venta libre, en supermercados y kioscos. Con la coordinación técnica del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, conducido por Federico Sturzenegger, el proyecto oficial apunta a modificar la histórica normativa que rige la actividad farmacéutica en todo el territorio del país.

La iniciativa central busca romper el histórico monopolio de dispensación en establecimientos especializados, permitiendo que las remedios que no requieren receta médica comiencen a exhibirse de manera directa al público en las góndolas de comercios de consumo masivo, tales como grandes supermercados y tradicionales kioscos de barrio.

Esta ofensiva oficial pone en juego un mercado de proporciones millonarias, equivalente a una porción significativa del negocio total de fármacos en el país, enfocado inicialmente en productos de alta rotación como los analgésicos comunes y los antiácidos. El plan del Poder Ejecutivo contempla además la expansión regulada del comercio electrónico con entrega a domicilio para estos productos de venta libre, un modelo que genera fuertes fricciones con las cámaras sectoriales y los sindicatos del sector debido a los recursos judiciales en curso y a las advertencias de los especialistas en salud sobre los riesgos de la automedicación.

Mientras la administración nacional defiende la medida bajo las premisas de ampliar la libertad de elección del consumidor y forzar una mayor competencia de precios en los mostradores, el debate abre una intensa disputa entre las lógicas de mercado y la preservación de los controles sanitarios profesionales.

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