La empresa dueña de La Salteña, no paga salarios y enfrenta riesgo de quiebra

La histórica alimenticia atraviesa su hora más oscura debido a una asfixia financiera que arrastra deudas salariales desde 2024, poniendo en jaque la producción de una de las marcas más emblemáticas de la mesa argentina y el futuro de cientos de familias.

ECONOMIA

El panorama industrial en el norte del Gran Buenos Aires se ha tornado crítico tras la profundización del conflicto en la planta de Alijor, ubicada en el Parque Industrial de Garín. La empresa, que hace apenas unos años se consolidó como un actor central del sector tras adquirir la icónica marca La Salteña a la multinacional General Mills, hoy se encuentra atrapada en una espiral de deudas y parálisis productiva. Los trabajadores de la firma han denunciado que la falta de pago de haberes y aguinaldos se ha vuelto una constante desde finales de 2024, una situación que ha escalado hasta detener prácticamente la salida de productos hacia los centros de distribución, amenazando con un desabastecimiento de tapas de tarta y empanadas en los principales supermercados del país.

Esta debacle no solo afecta a los productos de pastas frescas, sino que se extiende a la línea de panificados bajo la marca propia Alijor, que provee a importantes cadenas comerciales. Según fuentes del sector, la combinación de una caída estrepitosa en el consumo masivo y el encarecimiento de los costos operativos ha dejado a la administración sin margen de maniobra financiera.

La planta de Garín, reconocida en su momento por ser una de las más modernas de la región, hoy es escenario de asambleas permanentes y medidas de fuerza encabezadas por el sindicato de la alimentación, cuyos representantes advierten que el colapso operativo es total si no aparece un plan de salvataje inmediato o una inyección de capital externo.

La incertidumbre sobre la continuidad de la empresa ha generado una fuerte preocupación en el mercado alimenticio, dado el valor estratégico de sus activos. Mientras los pasivos se acumulan y la relación con los proveedores se tensa al límite, la compañía guarda un silencio que alimenta los rumores de una posible presentación en concurso preventivo o, en el peor de los casos, el cierre definitivo de sus puertas.

or estas horas, el futuro de una de las etiquetas más tradicionales de la cocina argentina depende de una resolución urgente en el ámbito laboral y financiero, en un contexto donde la crisis del poder adquisitivo parece haberle asestado un golpe de gracia a una estructura que no pudo resistir el embate de la recesión.

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