Cornejo quiere una nueva fase de transformación con empresarios y el sistema educativo

POLITICA

En los últimos años, hay quienes han insinuado con insistencia que Mendoza habría quedado rezagada respecto del promedio nacional. Es una mirada que, cuanto menos, debe ser contrastada con datos, porque en un contexto de inestabilidad macroeconómica, inflación alta y bajo crecimiento, el diagnóstico no puede basarse sólo en percepciones, sino en evidencia completa, dijo Cornejo.

Y esa evidencia muestra con claridad que, al comparar los principales indicadores económicos y sociales -producto bruto, empleo, desempleo, tasa de actividad, pobreza e indigencia-, Mendoza se ubica dentro de la media nacional: en algunos casos, levemente por encima; en otros, levemente por debajo. No surge de los datos una provincia rezagada, sino una provincia que atravesó las mismas restricciones macroeconómicas que el resto del país y, al mismo tiempo, ordenó sus cuentas, sostuvo servicios, recuperó inversión y sentó las bases de una matriz productiva más diversificada, con nuevos motores como la minería del cobre, el petróleo no convencional, el potasio y la economía del conocimiento.

Esto no implica negar problemas ni la necesidad de crecer más, sino discutir con seriedad el punto de partida.

Por eso, hoy quiero proponerles dar un paso más. Entrar en una nueva fase de la transformación de Mendoza. Se trata de pensar el crecimiento de manera integral. De construir una visión compartida entre el sector público y el privado, entre el sistema educativo, el entramado productivo y el territorio. Porque el desarrollo no surge de la simple suma de actividades, sino de la capacidad de articularlas con inteligencia, constancia y objetivos de largo plazo.

Hay palancas estratégicas que debemos seguir fortaleciendo: la gestión eficiente del agua; el acceso al financiamiento; el fortalecimiento de las cadenas de valor; la infraestructura logística y de servicios; la apertura e internacionalización; la innovación y la transformación digital; la educación y la formación para el trabajo; y la producción de información estratégica, porque sólo se puede mejorar de manera sostenida aquello que se mide, se evalúa y se gestiona con seriedad.

La visión que hoy propongo trasciende un turno de gobierno y también los calendarios electorales. Nuestra confianza en el futuro nace de las fortalezas reales que existen en cada rincón de la provincia. No se trata de que el Estado elija ganadores. Se trata de que toda la provincia -sus empresas, sus productores, sus universidades, sus trabajadores y sus emprendedores- pueda ser simultáneamente protagonista de una nueva etapa de crecimiento.

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