Celebrar rankings no es crear trabajo genuino

La autora cuestiona fuertemente el relato cornejista sobre el empleo y la producción.

ECONOMIA

Mendoza atraviesa días de celebración vendimial, una de las expresiones culturales y productivas más profundas de nuestra identidad. La Vendimia no es solo una fiesta: es el símbolo del trabajo, del esfuerzo productivo y del valor agregado que durante generaciones construyó el desarrollo provincial. Y justamente por eso, hablar de Vendimia también exige hablar de empleo. Porque mientras se celebran posiciones relativas en rankings laborales, los datos estructurales muestran una realidad que no acompaña ese entusiasmo.

El gobierno provincial presenta como logro económico lo que en rigor es apenas un alivio estadístico. La discusión no es si Mendoza cayó menos que otras provincias. La discusión es si Mendoza está generando empleo genuino, productivo y de calidad.
Cuando se observan los datos técnicos, la respuesta es clara: no.

Un mercado laboral estancado

Mendoza mantiene alrededor de 240.000 trabajadores privados registrados. Esa cifra no refleja expansión sino estancamiento.
La variación interanual es mínima y no evidencia un proceso de crecimiento sostenido. En términos reales, el empleo formal provincial se mantiene prácticamente en el mismo nivel desde hace varios años, mientras la economía pierde dinamismo. Caer menos no es crecer. Resistir no es desarrollarse.

Una estructura laboral frágil


Veamos la distribución estimada del empleo formal privado:

  • Comercio: ~49.000 puestos
  • Industria manufacturera tradicional: ~42.000
  • Agroindustria: ~22.000
  • Transporte y logística: ~18.500
  • Construcción: ~17.900
  • Hotelería y gastronomía: ~14.200
  • Energía: ~9.000
  • Economía del conocimiento: ~6.500
  • Minería: ~4.500


Más del 60% del empleo formal mendocino se concentra en comercio, industria tradicional y servicios de bajo dinamismo. En contraste, los sectores que suelen presentarse como motores del futuro productivo tienen impacto laboral muy limitado:

  • La minería representa menos del 2% del empleo formal total.
  • La energía tiene baja generación de puestos por su alta tecnificación.
  • La economía del conocimiento aún no alcanza escala suficiente.

Esto demuestra que Mendoza no está generando empleo desde sectores transformadores ni de alto valor agregado.

Vendimia e industria madre: una contradicción evidente

El complejo vitivinícola es la industria madre de Mendoza. Integra producción agrícola, industria, logística, exportaciones, turismo
y servicios conexos. Genera empleo directo e indirecto, arraigo territorial y encadenamientos productivos. Sin embargo, el sector atraviesa un proceso de pérdida de dinamismo:

  • Caída de rentabilidad
  • Aumento sostenido de costos
  • Pérdida de competitividad exportadora
  • Reducción de superficie cultivada
  • Aenor capacidad de inversión

La ausencia de políticas sostenidas que fortalezcan esta actividad estratégica debilita su capacidad histórica de traccionar empleo formal de calidad. Celebrar la Vendimia mientras se debilita la industria que la sustenta es una contradicción económica evidente.

Empleo formal que no garantiza bienestar


El salario promedio formal de Mendoza se ubica por debajo del promedio nacional, ampliando la brecha de ingresos y debilitando
el poder adquisitivo de los trabajadores.

Además:

  • Los sectores que más empleo generan son los de menores salarios.
  • Las actividades mejor remuneradas tienen peso marginal.
  • Persiste la brecha salarial de género.
  • La informalidad laboral sigue siendo elevada.
  • Aumenta la subocupación y la necesidad de pluriempleo.


Esto configura un mercado laboral formal frágil, con trabajadores que no logran estabilidad económica aun estando registrados.

Una provincia desigual

Gran Mendoza concentra la mayor parte del empleo formal, mientras que el Este provincial, el Valle de Uco y el Sur presentan estructuras productivas más vulnerables y menor densidad de empleo estable. El promedio provincial oculta brechas territoriales profundas.

Pero la narrativa oficial se apoya en comparaciones relativas que omiten los factores estructurales:

  • No hay crecimiento sostenido del empleo formal.
  • No hay diversificación productiva suficiente.
  • No hay mejora sustancial de la calidad salarial.
  • No hay reducción significativa de la precariedad laboral.
  • No hay políticas robustas para revitalizar la vitivinicultura.


Una provincia no progresa porque cae menos que otras; progresa cuando crea empleo productivo, estable y bien remunerado. Gobernar no es comunicar rankings. La Vendimia celebra el trabajo que transforma la tierra en valor. Esa es la verdadera metáfora productiva de Mendoza. Pero sostener esa identidad requiere políticas que fortalezcan la industria, modernicen la agroindustria, impulsen cadenas de valor tecnológicas y mejoren la calidad del empleo.

Celebrar rankings puede servir para el discurso. Gobernar exige transformar la estructura económica. Y hoy, en materia de empleo formal, esa transformación aún no se consolida.

 

Gabriela Lizana es diputada provincial. Abogada, Máster en Negocios Internacionales, Diplomada en Desarrollo Territorial, Especialista en Desarrollo Productivo, Miembro de la Comisión Directiva de APROEM y ex presidenta y fundadora de la entidad

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